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Jod, Yoduro y la solución de Lugol

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Yodo, yoduro y la solución de Lugol: un trío digno de mención al que popularmente se le atribuyen muchos falsos conceptos. Remediar esto y ofrecer una visión de hallazgos científicamente sólidos, demostrados por estudios, como base para una formación de opinión sólida, es el propósito de esta contribución.

Prólogo

El yodo es un oligoelemento esencial que no solo es fundamental para la función tiroidea, sino también para numerosos tejidos extratiroideos.
La solución de Lugol, una solución acuosa de yodo elemental (I₂) y yoduro de potasio (KI), se ha utilizado en la medicina clínica durante más de un siglo.

Este informe ampliado analiza sistemáticamente la evidencia científica sobre los mecanismos de acción y las aplicaciones clínicas del yodo, el yoduro y la solución de Lugol, incluyendo nuevos hallazgos sobre interacciones de halógenos, radioterapia con yodo, propiedades antivirales, epidemiología global y tiroiditis autoinmune.

El análisis de casi 80 publicaciones científicas muestra que el yodo actúa a través de múltiples mecanismos moleculares:
En la glándula tiroides, la regulación es realizada por el Efecto Wolff-Chaikoff la síntesis hormonal, mientras que los tejidos extratiroideos como el seno, la próstata, los ovarios y el cerebro captan y utilizan el yodo a través del cotransportador sodio-yoduro (NIS).
Estudios clínicos demuestran la eficacia de la solución de Lugol en la preparación preoperatoria de pacientes con enfermedad de Graves, logrando reducciones significativas en las hormonas tiroideas y la vascularización tiroidea.

Nuevos hallazgos demuestran que halógenos como el bromo pueden desplazar al yodo en la tiroides, lo que puede ser clínicamente relevante en casos de exposición ambiental elevada. La radioterapia con yodo para el carcinoma de tiroides diferenciado muestra una eficacia estratificada por riesgo, siendo el mayor beneficio en pacientes de alto riesgo.
La povidona yodada demuestra potentes propiedades antivirales contra el SARS-CoV-2 in vitro.

A pesar de los avances mundiales logrados mediante la yodación de la sal, las mujeres embarazadas en muchos países siguen teniendo un suministro insuficiente, lo que pone en peligro el desarrollo cerebral fetal. Al mismo tiempo, se ha demostrado que tanto la deficiencia como el exceso de yodo pueden aumentar el riesgo de tiroiditis autoinmune. Por lo tanto, el yodo es un arma de doble filo que requiere una dosificación cuidadosa.

Especialmente notables son los efectos extratiroideos: el yodo muestra efectos antiproliferativos, proapoptóticos y antioxidantes en células de cáncer de mama, puede tratar eficazmente la mastopatía fibrokística y posee propiedades antimicrobianas contra patógenos multirresistentes.
La evidencia sugiere un amplio potencial terapéutico más allá de la terapia tiroidea clásica. Sin embargo, se necesitan más estudios controlados y aleatorizados para definir las dosis óptimas y los efectos a largo plazo.

Introducción

Yodo (símbolo químico: I, número atómico: 53) es un oligoelemento esencial indispensable para la salud humana. Si bien la función del yodo en la síntesis de las hormonas tiroideas (tiroxina, T₄, y triyodotironina, T₃) ha sido establecida desde hace mucho tiempo, en las últimas décadas las funciones extratiroideas del yodo han ido ganando atención en la investigación científica.
La solución de Lugol, llamada así en honor al médico francés Jean Lugol (1786-1851), es una solución acuosa de yodo elemental (I₂) y yoduro de potasio (KI) en una proporción de 1:2, que se ha utilizado en medicina desde 1829.

Este completo informe científico analiza la evidencia actual sobre yodo, yoduro y la solución de Lugol desde una perspectiva sistemática.

El informe se divide en varias áreas principales: En primer lugar, se describen los mecanismos básicos de acción del yodo en tejidos tiroideos y extratiroideos. Posteriormente, se analizan estudios clínicos sobre la aplicación de la solución de Lugol en enfermedades tiroideas, especialmente en la enfermedad de Graves y la preparación preoperatoria para la tiroidectomía. Otro enfoque se centra en los efectos extratiroideos del yodo en el tejido mamario, la próstata, los ovarios, el cerebro y el sistema inmunológico.

Seis áreas temáticas importantes adicionales amplían la comprensión del papel complejo del yodo en la fisiología y patología humanas: las interacciones entre diferentes halógenos (bromo, flúor, cloro) y el yodo, la consideración diferenciada de la terapia con yodo radiactivo en el carcinoma de tiroides, las propiedades antivirales de las preparaciones de yodo contra el SARS-CoV-2 y otros virus, la epidemiología global de la deficiencia de yodo con un enfoque particular en las poblaciones vulnerables, la importancia crítica del yodo para el embarazo y el desarrollo fetal, y la compleja relación entre el estado del yodo y la tiroiditis autoinmune, especialmente la tiroiditis de Hashimoto.

El análisis se basa en una evaluación exhaustiva de más de 80 publicaciones científicas, incluidos estudios controlados aleatorizados, estudios de cohortes, revisiones sistemáticas, metaanálisis e investigaciones mecanicistas.
El objetivo de este informe es establecer una base empírica para comprender los diversos efectos del yodo y evaluar críticamente la relevancia clínica de la solución de Lugol y otros preparados de yodo.

Mecanismos de acción

Función tiroidea y metabolismo del yodo

La tiroides es el órgano con la mayor concentración de yodo en el cuerpo humano. El simportador sodio-yoduro (NIS), una glucoproteína transmembrana localizada en la membrana basolateral de los tirocitos, permite la captación activa de yoduro de la circulación sanguínea contra un gradiente de concentración. Este proceso está mediado por la Hormona estimulante de la tiroides (TSH) está regulado y depende de la energía, ya que utiliza el gradiente de sodio que mantiene la Na⁺/K⁺-ATPasa.

Después de la captación por los tirocitos, el yoduro es transportado a la membrana apical, donde es oxidado por la Peroxidasa tiroidea (TPO) se oxidiza. El yodo oxidado se une entonces a los residuos de tirosina de la tiroglobulina, una gran glicoproteína que se almacena en el lúmen folicular. Este proceso, la organificación, conduce a la formación de Monoiodotirosina y Diiodotirosina (DIT). La unión de dos moléculas de DIT forma Tiroxina (T₄), mientras que el acoplamiento de MIT y DIT Triyodotironina resulta en (T₃).

La regulación de la función tiroidea se lleva a cabo a través del eje hipotálamo-hipófisis-tiroides. Hormona liberadora de tirotropina (TRH) del hipotálamo estimula la liberación de TSH de la hipófisis, la cual a su vez promueve la captación de yodo, la síntesis y secreción de hormonas en la glándula tiroides. Un mecanismo de retroalimentación negativa por T₃ y T₄ regula la secreción de TSH y asegura un control homeostático de los niveles de hormona tiroidea.

Efecto Wolff-Chaikoff

El Efecto Wolff-Chaikoff, descrito por primera vez en 1948, es un mecanismo autorregulador de la glándula tiroides que inhibe temporalmente la síntesis de hormonas ante un aumento agudo en la ingesta de yodo. Este mecanismo protector evita una producción excesiva de hormonas tiroideas cuando la oferta de yodo aumenta repentinamente. El efecto suele aparecer con concentraciones de yodo en plasma superiores a 10⁻⁵ M y se manifiesta entre 24 y 48 horas después de la exposición al yodo.

A nivel molecular, el aumento de la concentración intracelular de yoduro conduce a una organificación reducida del yodo en la tiroglobulina. Varios mecanismos contribuyen a este efecto: la formación de lípidos yodados, en particular el 2-yodohexadecanal y otras iodo-lactonas, que actúan como moléculas señalizadoras e inhiben la actividad de la TPO. Además, se produce una regulación a la baja del NIS y una disminución de la expresión de TPO y tiroglobulina.

En individuos sanos, el efecto Wolff-Chaikoff es autolimitante. Después de 24-48 horas, ocurre un fenómeno de „escape“, en el que la glándula tiroides reanuda la síntesis normal de hormonas a pesar de la ingesta sostenida de yodo. Este mecanismo de escape se basa en una regulación a la baja del NIS en la membrana basolateral, lo que disminuye la concentración de yoduro intracelular y normaliza la organificación.

La relevancia clínica del efecto Wolff-Chaikoff se manifiesta en el tratamiento de la crisis tirotóxica y en la preparación preoperatoria de pacientes con enfermedad de Graves. La solución de Lugol utiliza este mecanismo para reducir agudamente la secreción de hormonas tiroideas y disminuir la vascularización tiroidea, lo que reduce el riesgo quirúrgico.

Efectos antimicrobianos

El yodo posee propiedades antimicrobianas reconocidas desde hace mucho tiempo, que se basan en su potente poder oxidante. El yodo elemental (I₂) y el hipoyodito (IO⁻), que se forma en solución acuosa, son las especies activas principales. Estas moléculas penetran rápidamente la pared celular y la membrana celular de los microorganismos, oxidando componentes celulares esenciales, incluyendo nucleótidos, ácidos grasos y aminoácidos.

La acción antimicrobiana del yodo es de amplio espectro e incluye bacterias (grampositivas y gramnegativas), virus, hongos, protozoos y esporas. A diferencia de muchos antibióticos, los microorganismos rara vez desarrollan resistencia al yodo, ya que ataca múltiples objetivos celulares simultáneamente. Estudios han demostrado que la solución de Lugol es eficaz contra *Staphylococcus aureus* multirresistente (SARM), incluso en biopelículas, que suelen ser difíciles de erradicar. [10].

La solución de Lugol se ha utilizado en diversos contextos clínicos como antiséptico. Un estudio de Grønseth et al. (2022) demostró que la solución de Lugol, en combinación con violeta de genciana, pudo erradicar eficazmente los biopelículas de SARM en infecciones de heridas cutáneas. [10]. La actividad antimicrobiana también se demostró contra aislados clínicos de diversos patógenos, mostrando una acción bactericida incluso a bajas concentraciones. [19].

El povidona yodada (PVP-I), un complejo de polivinilpirrolidona y yodo, se utiliza ampliamente como antiséptico tópico. Libera yodo más lentamente que la solución de Lugol, lo que resulta en una acción antimicrobiana prolongada con menor toxicidad tisular. El PVP-I se emplea habitualmente en la desinfección preoperatoria de la piel, el tratamiento de heridas y como enjuague bucal. [26].

Mecanismos antiproliferativos y antioxidantes

Además de sus propiedades antimicrobianas, el yodo también demuestra efectos antiproliferativos y antioxidantes, particularmente en tejidos extratiroideos. Estos efectos son de particular interés en la prevención y el tratamiento del cáncer. El yodo molecular (I₂) y el yoduro (I⁻) muestran diferentes actividades biológicas, con I₂ generalmente exhibiendo efectos antiproliferativos más fuertes.

En líneas celulares de cáncer de mama, el yodo molecular induce apoptosis a través de múltiples vías de señalización. Activa la vía de apoptosis intrínseca (mitocondrial) mediante la liberación de citocromo c y la activación de caspasas. Además, el yodo modula la expresión de genes implicados en el control del ciclo celular, la diferenciación y la apoptosis. Estudios han demostrado que el yodo aumenta la expresión de p53, una proteína supresora de tumores, mientras que simultáneamente regula a la baja proteínas antiapoptóticas como Bcl-2.

Las propiedades antioxidantes del yodo son paradójicas, ya que el yodo es en sí mismo un agente oxidante. Sin embargo, en concentraciones fisiológicas, el yodo puede actuar como antioxidante al neutralizar las especies reactivas de oxígeno (ERO) e inhibir la peroxidación lipídica. En la glándula tiroides, el yodo protege a los tirocitos del estrés oxidativo generado por la yodación de la tiroglobulina dependiente de H₂O₂. Este mecanismo de protección es esencial, ya que la glándula tiroides es uno de los órganos con mayor producción de H₂O₂.

En tejidos extratiroideos que expresan NIS (mama, próstata, ovarios, estómago), el yodo puede ejercer funciones antioxidantes similares. Se ha demostrado que el yodo aumenta la expresión de enzimas antioxidantes como la glutatión peroxidasa y la superóxido dismutasa. Estos mecanismos podrían contribuir al efecto protector del yodo contra el estrés oxidativo y el daño del ADN, que desempeñan un papel central en la carcinogénesis.

Estudios clínicos de tiroides

Solución de Lugol en la enfermedad de Graves

La enfermedad de Graves (Morbus Basedow) es una enfermedad autoinmune causada por anticuerpos anti-receptor de TSH (TRAb) que estimulan la glándula tiroides a producir un exceso de hormonas tiroideas. El hipertiroidismo resultante puede provocar graves complicaciones cardiovasculares, metabólicas y psiquiátricas. La solución de Lugol se ha utilizado durante décadas como terapia adyuvante en la enfermedad de Graves, especialmente para la preparación preoperatoria antes de la tiroidectomía.

La eficacia de la solución de Lugol en la enfermedad de Graves se basa en varios mecanismos: el efecto de Wolff-Chaikoff inhibe agudamente la secreción de hormonas tiroideas, mientras que al mismo tiempo se reduce la vascularización tiroidea. Esto último es especialmente importante para la seguridad operativa, ya que una tiroides muy vascularizada aumenta el riesgo de hemorragias intraoperatorias.

Un estudio prospectivo de Huang et al. (2016) examinó los efectos de un tratamiento de dos semanas con solución de yodo de Lugol en pacientes eutiroideos con enfermedad de Graves. [5]. El estudio incluyó a 40 pacientes que habían sido pretratados con tirostáticos y recibieron adicionalmente solución de Lugol antes de la tiroidectomía planificada. Los resultados mostraron reducciones significativas de las hormonas tiroideas libres (fT3 y fT4), así como una clara disminución del flujo sanguíneo tiroideo, medido mediante ecografía Doppler. La velocidad pico sistólica (PSV) media en la arteria tiroidea superior disminuyó de 41,2 cm/s a 31,8 cm/s (p < 0,001), lo que indica una menor vascularización.

Calissendorff y Falhammar (2017) informaron sobre una serie de pacientes con enfermedad de Basedow no controlada que recibieron solución de Lugo como terapia de „rescate“. [7]. En estos pacientes que no respondieron adecuadamente o no toleraron los tirostáticos convencionales, la solución de Lugol condujo a una rápida mejora del hipertiroidismo en 7 a 14 días. Los autores destacaron que la solución de Lugol representa una valiosa opción para los pacientes que necesitan un control rápido del hipertiroidismo, por ejemplo, antes de cirugías urgentes o en caso de crisis tirotóxica.

Un estudio pediátrico de Jeong et al. (2014) investigó los efectos del yoduro de potasio en niños y adolescentes con enfermedad de Graves [8]. El estudio demostró que un tratamiento a corto plazo con yoduro de potasio (promedio de 2 semanas) condujo a reducciones significativas de fT4 y T3, mientras que el TSH aumentó. El tratamiento fue bien tolerado y no se observaron efectos secundarios graves. Estos hallazgos apoyan el uso de preparados de yodo también en la población pediátrica.

El estudio LIGRADIS (Lugol’s Iodine in Graves‘ Disease Study) es un ensayo multicéntrico, aleatorizado y controlado en curso que investiga sistemáticamente la eficacia y seguridad de la solución de Lugol preoperatoria en pacientes eutiroideos con enfermedad de Graves. [11]. Este estudio proporcionará evidencia importante sobre la dosis y duración óptimas del tratamiento y podría contribuir a la estandarización de la yodoterapia preoperatoria.

Uso preoperatorio antes de una tiroidectomía

La preparación preoperatoria con solución de Lugol antes de la tiroidectomía en la enfermedad de Basedow es una práctica establecida que tiene como objetivo aumentar la seguridad quirúrgica. Los objetivos principales son la reducción de la vascularización tiroidea, la disminución de la pérdida de sangre intraoperatoria y la mejora de las condiciones quirúrgicas mediante la solidificación del tejido tiroideo.

Un ensayo controlado aleatorizado de Schiavone et al. (2024) investigó el papel de la solución de Lugol en la tiroidectomía total para la enfermedad de Graves. [16]. El estudio aleatorizó a 60 pacientes en dos grupos: un grupo recibió solución de Lugol preoperatoria (5 gotas tres veces al día durante 10 días), mientras que el grupo de control no recibió ninguna preparación de yodo. Ambos grupos fueron pretratados con tirostáticos y eutiroideos en el momento de la cirugía. Los resultados mostraron que el grupo de Lugol tuvo una pérdida de sangre intraoperatoria significativamente menor (mediana de 50 ml frente a 100 ml, p < 0,001) y un tiempo de operación más corto (mediana de 75 min frente a 95 min, p < 0,01). Las tasas de complicaciones (hipoparatiroidismo, parálisis del recurrente) no fueron significativamente diferentes entre los grupos.

Una revisión sistemática de Hope et al. (2017) analizó la bibliografía disponible sobre el uso preoperatorio de la solución de Lugol en el tratamiento del enfermedad de Basedow [28]. Los autores identificaron varios estudios que mostraron consistentemente una reducción de la vascularización tiroidea y de la pérdida de sangre intraoperatoria. La dosis óptima y la duración del tratamiento variaron entre los estudios, utilizándose típicamente 5-10 gotas de solución de Lugol tres veces al día durante 7-14 días. Los autores destacaron que, a pesar de su uso prolongado, faltan estudios aleatorizados de alta calidad y que se necesita más investigación.

Makay y Erbil (2019) discutieron en su artículo de revisión el tratamiento preoperatorio con solución de Lugol, enfatizando la importancia de la selección del paciente. [21]. Argumentaron que la solución de Lugol es especialmente beneficiosa en pacientes con glándulas tiroides muy vascularizadas y en casos de control insuficiente del hipertiroidismo con tirostáticos solos. Sin embargo, los autores advirtieron contra su uso prolongado (> 2 semanas), ya que puede conducir a hipertiroidismo inducido por yodo cuando se produce el mecanismo de "escape".

Dralle (2019) destacó en un artículo en idioma alemán el papel de la solución de Lugol en la preparación preoperatoria para la enfermedad de Graves. [14]. Destacó que la solución de Lugol hace la tiroides „más firme“, lo que facilita la preparación quirúrgica y reduce el riesgo de desgarros tisulares. Esta mejora mecánica de las propiedades del tejido es una ventaja adicional junto con los efectos vasculares y hormonales.

Bocio nodular tóxico

El bocio nodular tóxico, que incluye el adenoma tóxico y el bocio multinodular tóxico, es otra indicación para la yodoterapia, aunque la evidencia es menos extensa que en el caso de la enfermedad de Graves. En estas afecciones, los nódulos tiroideos autónomos producen hormonas tiroideas de forma incontrolada, independientemente de la regulación de la TSH.

La aplicación de la solución de Lugol en la bocio nodular tóxico es más compleja que en la enfermedad de Graves. Si bien el efecto Wolff-Chaikoff también puede inhibir temporalmente la secreción hormonal aquí, existe un mayor riesgo de hipertiroidismo inducido por yodo (fenómeno de Jod-Basedow) en nódulos autónomos, especialmente si los nódulos no responden a la supresión de TSH. Por lo tanto, la solución de Lugol se utiliza típicamente a corto plazo y bajo estrecha supervisión en el bocio nodular tóxico, principalmente para la preparación preoperatoria.

Huang et al. (2023) estudiaron el uso del yodo inorgánico por vía oral en el tratamiento de la enfermedad de Graves y también analizaron su aplicación en otras formas de hipertiroidismo [25]. Los autores enfatizaron que en los nódulos autónomos, la yodoterapia debe usarse con precaución y se requiere una cuidadosa selección de pacientes. Recomendaron limitar la yodoterapia a pacientes que se preparan para una terapia definitiva (cirugía o yodoterapia con radioyodo) y limitar la duración del tratamiento a un máximo de 2 semanas.

La preparación preoperatoria con solución de Lugol en la bocio nodular tóxico tiene como objetivo principal reducir la vascularización tiroidea para minimizar la pérdida de sangre intraoperatoria. Los estudios han demostrado que incluso en nódulos autónomos se puede lograr una reducción de la irrigación sanguínea, aunque el efecto puede ser menos pronunciado que en la enfermedad de Graves. La decisión sobre la terapia con yodo debe tomarse de forma individualizada, teniendo en cuenta el grado de hipertiroidismo, el tamaño y número de nódulos, así como la terapia definitiva planificada.

Yodo fuera de la tiroides

Tejido mamario – Prevención del cáncer de mama y mastopatía fibroquística

La glándula mamaria es uno de los tejidos extratiroideos con mayor concentración de yodo y expresa el cotransportador sodio-yoduro (NIS), lo que sugiere un papel fisiológico importante del yodo en este tejido. Los estudios epidemiológicos han demostrado una correlación inversa entre la ingesta de yodo y la incidencia de cáncer de mama, especialmente en poblaciones con una ingesta tradicionalmente alta de yodo, como Japón.

Los estudios moleculares han identificado varios mecanismos a través de los cuales el yodo ejerce efectos antiproliferativos y proapoptóticos en células de cáncer de mama. El yodo molecular (I₂) muestra efectos más potentes que el yoduro (I⁻). En células de cáncer de mama MCF-7, el I₂ induce la detención del ciclo celular en la fase G1 mediante la regulación al alza de p21 y p27, inhibidores de quinasas dependientes de ciclinas. Además, el yodo activa la vía apoptótica intrínseca mediante la liberación de citocromo c de las mitocondrias y la activación de las caspasas-9 y caspasa-3.

El yodo también modula la expresión de los receptores de estrógeno y puede antagonizar los efectos proliferativos del estrógeno en el tejido mamario. Los estudios han demostrado que el yodo reduce la expresión del receptor de estrógeno-alfa (ERα) y, al mismo tiempo, regula al alza el receptor de estrógeno-beta (ERβ), lo que conduce a un fenotipo antiproliferativo. Este mecanismo podría ser especialmente relevante para los cánceres de mama con receptores de estrógeno positivos.

La mastopatía fibroquística (enfermedad mamaria fibroquística) es una afección benigna que se caracteriza por dolor mamario, formación de nódulos y quistes. Varios estudios clínicos han demostrado que la suplementación con yodo puede mejorar significativamente los síntomas de la mastopatía fibroquística. Un estudio con yodo molecular (I₂) demostró que el 70,1 % de las pacientes presentaban una mejora objetiva en la textura de las mamas, en comparación con solo el 30,1 % del grupo placebo. El tratamiento fue bien tolerado y los efectos secundarios fueron poco frecuentes y leves.

El mecanismo por el cual el yodo mejora la mastopatía fibroquística no se comprende completamente, pero podría estar relacionado con la reducción del estrés oxidativo y la modulación de los factores de crecimiento. El yodo reduce la peroxidación lipídica en el tejido mamario y aumenta la expresión de enzimas antioxidantes. Además, el yodo puede modular la producción de prostaglandinas implicadas en el dolor de mama.

próstata

La próstata también expresa la proteína NIS y concentra yodo, lo que apunta a que el yodo desempeña una función fisiológica en este órgano. El yodo se encuentra en el líquido prostático y podría ejercer funciones antimicrobianas, así como regular la función prostática. Los datos epidemiológicos sobre la relación entre la ingesta de yodo y el riesgo de cáncer de próstata son limitados e inconsistentes.

Estudios in vitro han demostrado que el yodo ejerce efectos antiproliferativos en líneas celulares de cáncer de próstata. En las células LNCaP y PC-3, el yodo molecular induce apoptosis e inhibe la proliferación celular de forma dependiente de la dosis. Los mecanismos son similares a los observados en células de cáncer de mama e incluyen la activación de caspasas, la modulación de miembros de la familia Bcl-2 y la inducción de estrés oxidativo.

El yodo también podría desempeñar un papel en la prevención y el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata (HBP). Estudios en animales han demostrado que la suplementación con yodo puede reducir el crecimiento de la próstata y disminuir los marcadores de inflamación. Sin embargo, la relevancia clínica de estos hallazgos en humanos no está clara y faltan ensayos clínicos controlados.

Un aspecto interesante es el posible papel del yodo en la prevención de la prostatitis. Las propiedades antimicrobianas del yodo podrían ayudar a controlar las infecciones bacterianas en la próstata. Algunos autores han especulado que la deficiencia crónica de yodo podría conducir a una mayor susceptibilidad a la prostatitis, pero esta hipótesis requiere más investigación.

Ovarios

Los ovarios son otro tejido extratiroideo que expresa NIS y concentra yodo. El yodo puede desempeñar un papel en la función ovárica, incluyendo el desarrollo folicular, la ovulación y la esteroidogénesis. Estudios en animales han demostrado que la deficiencia de yodo puede provocar disfunciones ováricas, como la alteración de la maduración folicular y la reducción de la fertilidad.

In Ovarialkarzinomzelllinien zeigt Jod antiproliferative und pro-apoptotische Effekte. Studien mit OVCAR-3 und SKOV-3 Zellen haben gezeigt, dass molekulares Jod die Zellproliferation hemmt und Apoptose induziert. Die Mechanismen umfassen die Aktivierung von p53, die Hochregulation von pro-apoptotischen Proteinen wie Bax und die Aktivierung von Caspasen.

Los datos epidemiológicos sobre la relación entre la ingesta de yodo y el riesgo de cáncer de ovario son limitados. Algunos estudios han encontrado una asociación inversa entre la ingesta de yodo y el riesgo de cáncer de ovario, pero la evidencia no es consistente. Se necesitan más estudios prospectivos para aclarar esta relación.

El yodo también podría ser relevante en el tratamiento del síndrome de ovario poliquístico (SOP). El SOP se asocia con resistencia a la insulina, hiperandrogenismo e inflamación crónica. Algunos autores han sugerido que el yodo, debido a sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, podría contribuir a la mejora de los síntomas del SOP. Sin embargo, faltan estudios clínicos sobre esta hipótesis.

Cerebro y neurología

El yodo es esencial para el desarrollo cerebral normal, especialmente durante el período fetal y posnatal temprano. Las hormonas tiroideas, que contienen yodo, son críticas para la neurogénesis, la mielinización, la migración neuronal y la sinaptogénesis. La deficiencia severa de yodo durante el embarazo conduce al cretinismo, una condición caracterizada por retraso mental severo, sordera y déficits motores.

Curiosamente, las neuronas y las células gliales también expresan el NIS y pueden captar yodo independientemente de las hormonas tiroideas. Esto sugiere funciones directas y no tiroideas del yodo en el cerebro. El yodo podría actuar como antioxidante en el cerebro y proteger a las neuronas del estrés oxidativo. Los estudios han demostrado que el yodo reduce la peroxidación lipídica en el tejido cerebral y aumenta la expresión de enzimas antioxidantes.

El yodo también podría tener efectos neuroprotectores en enfermedades neurodegenerativas. Estudios in vitro han demostrado que el yodo puede proteger a las neuronas de la toxicidad inducida por el amiloide-β, un mecanismo clave en la enfermedad de Alzheimer. El yodo reduce la apoptosis y el estrés oxidativo inducidos por el amiloide-β en cultivos de células neuronales. Si estos efectos son clínicamente relevantes no está claro y requiere más investigación.

Algunos autores han sugerido que el yodo podría ser útil en el tratamiento del trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) y otras afecciones neuropsiquiátricas. Estas hipótesis se basan principalmente en informes anecdóticos y no están respaldadas por estudios controlados. Se debe tener precaución, ya que una ingesta excesiva de yodo puede provocar disfunción tiroidea, que a su vez puede causar síntomas neuropsiquiátricos.

sistema inmunitario

El yodo juega un papel importante en el sistema inmunológico, tanto por sus propiedades antimicrobianas directas como por sus efectos inmunomoduladores. Los leucocitos, en particular los neutrófilos y eosinófilos, producen hipoyodito (IO⁻) como parte del mecanismo de explosión oxidativa para matar patógenos. La mieloperoxidasa (MPO) en los neutrófilos cataliza la oxidación del yoduro a hipoyodito en presencia de peróxido de hidrógeno.

El yodo también modula la función de las células inmunitarias. Estudios han demostrado que el yodo puede influir en la proliferación y activación de los linfocitos T. In vitro, el yodo causa una inhibición dosis-dependiente de la proliferación de las células T, lo que sugiere propiedades inmunosupresoras. Este efecto podría ser relevante en enfermedades autoinmunes, aunque su significado clínico no está claro.

El yodo también influye en la producción de citoquinas. Estudios han demostrado que el yodo puede reducir la producción de citoquinas proinflamatorias como TNF-α e IL-1β, mientras que aumenta la producción de citoquinas antiinflamatorias como IL-10. Estos efectos inmunomoduladores podrían contribuir a la acción antiinflamatoria del yodo.

La relación entre el yodo y la autoinmunidad es compleja. Si bien la deficiencia de yodo se asocia con ciertas enfermedades autoinmunes, la ingesta excesiva de yodo puede desencadenar o exacerbar la tiroiditis autoinmune. Esta aparente contradicción se discute con más detalle en la sección sobre tiroiditis de Hashimoto. La ingesta óptima de yodo para la función inmunológica es probablemente un rango estrecho, y tanto la deficiencia como el exceso pueden tener efectos negativos.

Solución de Lugol – Composición, dosificación y aplicación

composición

La solución de Lugol es una solución acuosa de yodo elemental (I₂) y yoduro de potasio (KI). La fórmula clásica, tal y como la desarrolló Jean Lugol en 1829, contiene 51 g de yodo elemental y 10 g de yoduro de potasio en agua destilada. El yoduro de potasio no solo sirve como fuente de yodo, sino que también aumenta considerablemente la solubilidad del yodo elemental. Sin yoduro de potasio, el yodo elemental es muy poco soluble en agua (0,3 g/l a 20 °C), mientras que en la solución de yoduro de potasio se vuelve muy soluble gracias a la formación de triyoduro (I₃⁻).

La reacción química en la solución de Lugol es:

I₂ + I⁻ ⇌ I₃⁻

El ion triyoduro resultante es la especie presente en mayor cantidad en la solución y contribuye al color marrón característico. En solución acuosa existe un equilibrio entre I₂, I⁻ e I₃⁻, y las concentraciones relativas dependen del pH y de la concentración total de yodo.

La formulación estándar de la solución de Lugol (5% I₂ + 10% KI) contiene aproximadamente 130 mg de yodo por mililitro. Por lo tanto, una gota (aprox. 0,05 ml) contiene unos 6,5 mg de yodo. También existen formulaciones diluidas, como la solución de Lugol 2% (2% I₂ + 4% KI), que contiene unos 50 mg de yodo por mililitro.

La solución de Lugol debe almacenarse en botellas de vidrio oscuro a temperatura ambiente, ya que la luz puede acelerar la descomposición del yodo. Si se almacena correctamente, la solución es estable durante varios años. La decoloración o la formación de cristales pueden indicar descomposición o evaporación, y dichas soluciones no deben utilizarse.

Dosis en estudios clínicos

La dosis de la solución de Lugol varía considerablemente en función de la indicación y el contexto clínico. En los estudios analizados sobre la preparación preoperatoria en el caso del enfermedad de Basedow, se utilizaban habitualmente entre 5 y 10 gotas de la solución de Lugol al 51 % tres veces al día durante 7-14 días. Esto equivale a una ingesta diaria de yodo de entre 100 y 200 mg, lo que representa entre 600 y 1300 veces la cantidad diaria recomendada (CDR) de 150 µg para adultos.

En el estudio de Huang et al. (2016), los pacientes recibieron 8 gotas de solución de Lugol tres veces al día durante 2 semanas. [5]. En el estudio de Schiavone et al. (2024) se utilizó una dosis de 5 gotas tres veces al día durante 10 días. [16]. Calissendorff y Falhammar (2017) informaron sobre dosis de 3-5 gotas tres veces al día durante 7-14 días en la terapia de rescate. [7].

Para el tratamiento de la mastopatía fibrocística, los estudios clínicos han utilizado típicamente dosis más bajas de yodo molecular, en el rango de 3-6 mg por día. Estas dosis son significativamente más bajas que las utilizadas para las enfermedades tiroideas y equivalen aproximadamente a 20-40 veces la Cantidad Diaria Recomendada (CDR).

Al usarse como antiséptico, la solución de Lugol se aplica típicamente sin diluir o ligeramente diluida tópicamente. Para la desinfección de heridas, la solución se puede aplicar directamente sobre la herida, mientras que para los enjuagues bucales se suele utilizar una dilución de 1:10 a 1:20.

Es importante destacar que las dosis altas utilizadas en las enfermedades de la tiroides solo deben emplearse bajo supervisión médica y durante períodos limitados (típicamente < 2 semanas). La ingesta de yodo a largo plazo en dosis altas puede provocar disfunción tiroidea, incluyendo hipertiroidismo o hipotiroidismo inducido por yodo.

Áreas de aplicación

La solución de Lugol tiene una amplia gama de aplicaciones en la medicina clínica:

Enfermedades de la tiroides

  • Preparación preoperatoria para la tiroidectomía en la enfermedad de Graves
  • Tratamiento de emergencia de la crisis tirotóxica
  • Control a corto plazo del hipertiroidismo en pacientes intolerantes a los tireostáticos
  • Protección de la tiroides contra el yodo radiactivo en emergencias nucleares (se prefieren las pastillas de yoduro de potasio, pero la solución de Lugol puede servir como alternativa)

Aplicaciones antisépticas

  • Desinfección de la piel antes de procedimientos quirúrgicos
  • Tratamiento de heridas y prevención de infecciones de heridas
  • Tratamiento de infecciones por hongos en la piel y las uñas.
  • Enjuagues bucales para infecciones orales

Aplicaciones diagnósticas

  • Tinción vital en patología para la identificación de glucógeno y almidón
  • Test de Schiller para la identificación de epitelios cervicales anormales (el yodo tiñe el epitelio escamoso normal de marrón, mientras que el tejido displásico permanece sin teñir)

Otras aplicaciones

  • Tratamiento de la mastopatía fibroquística (típicamente con yodo molecular, no con solución de Lugol)
  • Aplicaciones experimentales en otras enfermedades extratiroideas (evidencia limitada)

La elección entre la solución de Lugol y otros preparados de yodo (por ejemplo, comprimidos de yoduro de potasio, povidona yodada, yodo molecular) depende de la indicación específica, la dosis deseada y la forma de administración. Para aplicaciones sistémicas en enfermedades tiroideas, la solución de Lugol o el yoduro de potasio son adecuados, mientras que para aplicaciones antisépticas tópicas, la povidona yodada se prefiere a menudo debido a su mejor tolerabilidad tisular.

Desplazamiento de halógenos: bromo, flúor y cloro como antagonistas del yodo

Los halógenos flúor, cloro, bromo y yodo pertenecen al mismo grupo en la tabla periódica y muestran propiedades químicas similares. Esta relación estructural conduce a interacciones competitivas en el organismo humano, siendo especialmente el bromo identificado como un antagonista significativo del yodo. El desplazamiento del yodo por otros halógenos puede tener amplias consecuencias fisiológicas, particularmente para la función tiroidea.

El bromo desplaza al yodo en la tiroides

Estudios experimentales en ratas han demostrado claramente que un aumento en la ingesta de bromuro conduce a un desplazamiento significativo del yodo en la tiroides. En el innovador estudio de Vobecký et al. (1996) se investigó cómo una mayor ingesta de bromuro afecta el contenido de yodo de la tiroides. [31]. Los investigadores administraron a ratas dosis elevadas de bromuro en el agua potable durante varias semanas y posteriormente analizaron las concentraciones de halógenos en diversos tejidos.

Los resultados fueron notables: con un aumento en la ingesta de bromuro, el bromo reemplazó a más de un tercio del yodo normalmente presente en la tiroides. Al mismo tiempo, la formación de tiroxinas yodadas disminuyó, mientras que la concentración total de halógenos (yodo más bromo) en la glándula se mantuvo aproximadamente constante. Esto sugiere que el bromo y el yodo compiten por los mismos sitios de unión en la tiroglobulina y que la peroxidasa tiroidea (TPO) puede oxidar ambos halógenos y unirlos a residuos de tirosina. [31].

Mecanismos de interferencia del bromuro

El artículo de revisión detallado de Pavelka (2004) describe los múltiples mecanismos por los cuales el bromuro interfiere con el metabolismo del yodo. [32]. El bromuro se absorbe en la glándula tiroides a través del cotransportador sodio-yoduro (NIS), compitiendo con el yoduro por el transporte. Aunque la afinidad del NIS por el yoduro es mayor que por el bromuro, la captación significativa de bromuro puede ocurrir a altas concentraciones plasmáticas de bromuro.

Dentro de la glándula tiroides, el bromuro es oxidado por la peroxidasa tiroidea y puede unirse a la tiroglobulina, formando así tiroidinas bromadas. Estos análogos bromados de las hormonas tiroideas son biológicamente menos activos que sus contrapartes yodadas y pueden afectar la función tiroidea normal. [32].

Otro mecanismo importante es el aumento de la excreción renal de yodo ante una mayor carga de bromuro. Pavelka (2009) describe en un extenso capítulo de libro que la ingesta excesiva de bromuro aumenta la depuración renal de yodo, lo que provoca una disminución de las reservas de yodo en el cuerpo. [33]. Este efecto es particularmente problemático en individuos con un suministro de yodo ya marginal, ya que puede empeorar una deficiencia relativa de yodo.

Los efectos bociógenos del bromuro han sido documentados en varios estudios en animales. En ratas expuestas crónicamente a altas dosis de bromuro, se desarrollaron glándulas tiroides agrandadas (bocio) y niveles elevados de TSH, lo que indica una respuesta compensatoria a la disminución de la producción de hormonas tiroideas. [33]. La vida media biológica del yodo en la tiroides se acortó significativamente en animales expuestos al bromuro, lo que refleja el agotamiento acelerado del yodo.

Relevancia clínica de la exposición al bromo

La relevancia clínica de estos hallazgos en estudios con animales para los humanos es objeto de debate científico. Los contaminantes ambientales modernos con bromo son diversos e incluyen:

  • Retardante de llama
    Los éteres de difenilo polibromados (PBDE) y otros retardantes de llama bromados se utilizan ampliamente en muebles, electrónica y textiles y pueden metabolizarse en bromuro en el cuerpo.
  • Pesticidas
    El bromuro de metilo se utilizó durante mucho tiempo como fumigante en la agricultura, aunque su uso se ha restringido cada vez más debido a preocupaciones medioambientales.
  • Medicación
    Algunos medicamentos contienen bromo, por ejemplo, ciertos sedantes y anticonvulsivos (históricamente).
  • Aditivos alimentarios
    Los aceites vegetales bromados se han utilizado en algunas bebidas gaseosas, pero ahora están prohibidos en muchos países.
  • agua potable
    El bromuro puede ocurrir naturalmente en aguas subterráneas o formarse por desinfección con ozono (formación de bromato).

En poblaciones con un suministro marginal de yodo, una mayor exposición al bromo podría afectar la función tiroidea y aumentar el riesgo de enfermedades por deficiencia de yodo. Pavelka (2004) enfatiza que la combinación de un bajo estado de yodo y una alta carga de bromuro es particularmente problemática. [32]. En tales situaciones, el desplazamiento de yodo inducido por bromuro de la tiroides y la mayor excreción renal de yodo pueden provocar hipertiroidismo o bocio clínicamente manifiestos.

Flúor y cloro – Evidencia limitada

A diferencia del bromo, la evidencia de interacciones clínicamente relevantes entre el flúor o el cloro y el yodo en humanos es significativamente más limitada. Teóricamente, estos halógenos también podrían competir con el yodo, ya que están químicamente relacionados. El flúor es el elemento más electronegativo y podría mostrar interacciones potencialmente fuertes con los sistemas biológicos.

Algunos autores han especulado que la exposición crónica al flúor (por ejemplo, a través del agua potable fluorada o productos para el cuidado dental) podría afectar la función tiroidea, especialmente en presencia de deficiencia de yodo. Sin embargo, los estudios epidemiológicos sobre este tema han arrojado resultados inconsistentes y no se ha establecido una relación causal.

El cloro, el halógeno más común en los sistemas biológicos, desempeña importantes funciones fisiológicas como ion cloruro. No hay evidencia convincente de que el cloruro compita significativamente con el yodo por la captación en la tiroides o afecte la función tiroidea a concentraciones fisiológicas.

Conclusiones y necesidades de investigación

El desplazamiento del yodo por el bromo en la tiroides es un fenómeno bien documentado en modelos animales con bases mecanicistas claras. Sin embargo, la relevancia clínica en humanos, especialmente en poblaciones con ingesta adecuada de yodo, sigue sin estar clara. Se necesitan más estudios epidemiológicos en humanos para aclarar si, y bajo qué condiciones, la exposición ambiental al bromo puede conducir a disfunciones tiroideas clínicamente relevantes.

No hay evidencia sólida en humanos para interacciones clínicamente importantes entre el flúor y el cloro con el metabolismo del yodo. La investigación futura debe centrarse en las poblaciones vulnerables, especialmente mujeres embarazadas, niños y personas con un suministro marginal de yodo, donde los efectos de las interacciones halógenas podrían ser mayores.

Desde una perspectiva preventiva, estos hallazgos subrayan la importancia de una ingesta adecuada de yodo como factor protector contra los posibles efectos bociógenos de los halógenos ambientales. Una ingesta óptima de yodo podría hacer que la tiroides sea más resistente a los efectos de desplazamiento del bromo y otros halógenos. [32], [33].

Radioterapia con yodo radiactivo para el carcinoma de tiroides diferenciado

La terapia con yodo radiactivo (RAI) con ¹³¹I ha sido un pilar en el tratamiento del carcinoma de tiroides diferenciado (CTD), que incluye los carcinomas de tiroides papilar y folicular, durante décadas. La terapia aprovecha la capacidad de las células tiroideas para captar yodo a través del simportador de sodio y yodo (NIS). Después de una tiroidectomía total o casi total, se administra ¹³¹I para destruir el tejido tiroideo remanente (ablación del remanente) y posibles restos tumorales microscópicos. Sin embargo, en los últimos años, el debate sobre las indicaciones y la dosificación de la terapia con yodo radiactivo se ha intensificado, especialmente en pacientes de bajo riesgo.

Eficacia estratificada por riesgo de la terapia con yodo radiactivo

Un análisis exhaustivo de Orosco et al. (2019) examinó la eficacia de la terapia con yodo radiactivo utilizando grandes bases de datos nacionales (National Cancer Database y SEER) [34]. El estudio incluyó a más de 130.000 pacientes con carcinoma de tiroides diferenciado y analizó la asociación entre el tratamiento con RAI y la supervivencia general, así como la supervivencia específica del cáncer.

Los resultados mostraron una clara estratificación del riesgo: en los pacientes de alto riesgo (definidos por tumores de gran tamaño, extensión extratiroidea, metástasis en los ganglios linfáticos o metástasis a distancia), la terapia con yodo radiactivo se asoció a una mejora significativa de la supervivencia. La razón de riesgo para la mortalidad total fue de 0,67 (IC del 95 %: 0,62-0,73), lo que corresponde a una reducción del 33 % en el riesgo de mortalidad. [34].

En pacientes con riesgo intermedio, el beneficio de la radioterapia con yodo radiactivo fue moderado y varió según los factores de riesgo específicos. En pacientes de bajo riesgo (tumores pequeños sin extensión extratiroidea, sin afectación de ganglios linfáticos o metástasis a distancia), la ventaja de supervivencia de la RAI fue mínima o estadísticamente no significativa. [34]. Estos hallazgos subrayan la necesidad de una decisión terapéutica individualizada y adaptada al riesgo.

Terapia con yodo radiactivo en pacientes de bajo riesgo: controversia y nueva evidencia

La cuestión de si los pacientes de bajo riesgo se benefician de la terapia con yodo radiactivo es objeto de un intenso debate. Un análisis de correspondencia por puntaje de propensión de Satapathy et al. (2023) examinó específicamente este grupo de pacientes. [35]. El estudio comparó 412 pacientes de bajo riesgo con DTC que recibieron terapia de yodo radiactivo después de tiroidectomía con 412 pacientes de comparación sin RAI.

Los resultados no mostraron diferencias significativas en los criterios de valoración principales: la tasa de recidiva a los 5 años fue del 4,11 % en el grupo RAI frente al 5,31 % en el grupo no RAI (p = 0,43). La supervivencia libre de enfermedad y la supervivencia global tampoco mostraron diferencias significativas entre los grupos. [35]. Estos hallazgos apoyan la práctica creciente de omitir la terapia con yodo radiactivo en pacientes de bajo riesgo cuidadosamente seleccionados.

Las directrices actuales de la American Thyroid Association (ATA) reflejan esta evidencia y recomiendan una aplicación selectiva de la terapia con yodo radiactivo. En pacientes de bajo riesgo con tumores pequeños, unifocales e intratiroideos sin metástasis de ganglios linfáticos, la RAI no se recomienda de forma rutinaria. La decisión debe individualizarse, teniendo en cuenta las preferencias del paciente, la calidad de la cirugía y la posibilidad de un seguimiento estrecho.

Dosis baja versus dosis alta de yodoterapia

Otra pregunta importante se refiere a la dosificación óptima de la terapia con yodo radiactivo para la ablación de remanentes. Tradicionalmente se han utilizado altas actividades (100-150 mCi o 3,7-5,5 GBq), pero estudios más recientes han investigado si dosis más bajas (30-50 mCi o 1,1-1,85 GBq) son igualmente efectivas.

Liu et al. (2024) realizaron un estudio prospectivo que asignó al azar a pacientes de bajo riesgo a un grupo de dosis baja (30 mCi) o alta (100 mCi). [36]. Los puntos finales primarios fueron la ablación exitosa (definida como tiroglobulina indetectable e imágenes negativas) a los 6-12 meses y las tasas de recurrencia a largo plazo.

Los resultados mostraron tasas de éxito de la ablación comparables: 89,31 % en el grupo de dosis baja frente al 92,11 % en el grupo de dosis alta (p = 0,31). Tras una mediana de seguimiento de 5 años, las tasas de recidiva no mostraron diferencias significativas (3,21 % frente a 2,81 %, p = 0,78). [36]. Es ist wichtig, dass die Niedrigdosisgruppe signifikant weniger Nebenwirkungen aufwies, insbesondere weniger Sialadenitis (Entzündung der Speicheldrüsen) und Xerostomie (Mundtrockenheit).

Estos hallazgos respaldan el uso de dosis más bajas en pacientes adecuados de bajo riesgo cuando está indicada la ablación de remanentes. La reducción de la dosis de radiación minimiza los efectos secundarios agudos y crónicos, incluido el riesgo teórico de neoplasias malignas secundarias, sin comprometer la eficacia terapéutica.

Mecanismo de la radioterapia con yodo radiactivo

El éxito de la terapia con yodo radiactivo se basa en la expresión del cotransportador sodio-yoduro (NIS) en células de carcinoma tiroideo diferenciado. Tras la tiroidectomía y bajo estimulación de TSH (ya sea mediante la retirada de hormonas tiroideas o TSH humana recombinante), la expresión de NIS en las células tiroideas y tumorales remanentes se regula al alza, lo que permite la captación de ¹³¹I.

El ¹³¹I es un emisor beta con una vida media física de 8,02 días. Las partículas beta emitidas tienen un alcance medio de aproximadamente 0,5 mm en tejido, lo que resulta en una dosis de radiación localizada que destruye las células tumorales, al tiempo que preserva relativamente el tejido circundante. Además, el ¹³¹I emite radiación gamma, que puede utilizarse para la imagen de gammagrafía (escaneo post-terapéutico).

Un factor limitante importante es la pérdida de la expresión de NIS en carcinomas de tiroides indiferenciados o agresivos. Estos tumores no captan ¹³¹I y, por lo tanto, no responden a la yodoterapia. En estos casos, deben considerarse terapias alternativas como los inhibidores de la tirosina quinasa o la radioterapia externa.

Implicaciones clínicas y perspectivas futuras

La evidencia actual sobre la terapia con yodo radiactivo para el carcinoma tiroideo diferenciado se puede resumir de la siguiente manera:

  • La estratificación del riesgo es esencial
    El mayor beneficio de la RAI se observa en pacientes de alto riesgo con enfermedad avanzada. En pacientes de bajo riesgo, el beneficio es mínimo y se justifica una aplicación selectiva. [34], [35].
  • Reducción de la dosis en pacientes de bajo riesgo
    Si la ablación con I-131 está indicada en pacientes de bajo riesgo, dosis más bajas (30-50 mCi) son tan efectivas como dosis más altas y causan menos efectos secundarios. [36].
  • Toma de decisiones individualizada
    La decisión de realizar o no la RAI debe tomarse teniendo en cuenta múltiples factores, entre ellos las características del tumor, la calidad quirúrgica, los niveles de tiroglobulina, las preferencias del paciente y las posibilidades de seguimiento.
  • Monitoreo a largo plazo
    Incluso con la renuncia a la RAI en pacientes de bajo riesgo, es necesario un seguimiento cuidadoso con mediciones de tiroglobulina y ecografía para detectar recurrencias de manera temprana.

    La investigación futura debería centrarse en la identificación de marcadores moleculares que puedan predecir la respuesta a la terapia con yodo radiactivo. Los análisis genómicos y proteómicos podrían ayudar a identificar pacientes que se beneficiarían de la RAI a pesar de tener factores de riesgo clínicos bajos, así como aquellos en quienes la RAI no será efectiva, incluso con un riesgo más alto. El desarrollo de estrategias para la rediferenciación de tumores refractarios al yodo radiactivo es otra área prometedora de investigación.

    Efecto antiviral: Yodo contra virus y SARS-CoV-2

    Las propiedades antimicrobianas del yodo son bien conocidas desde hace mucho tiempo y abarcan no solo efectos bactericidas y fungicidas, sino también viricidas. Con la aparición de la pandemia de COVID-19, ha aumentado significativamente el interés en los antisépticos a base de yodo, en particular la povidona yodada (PVP-I), como medida potencial para reducir la transmisión del SARS-CoV-2. Varios estudios han investigado la eficacia de la povidona yodada contra el SARS-CoV-2 in vitro y en aplicaciones clínicas.

    Inactivación in vitro de SARS-CoV-2

    Uno de los primeros estudios sobre el efecto virucida del povidona yodada contra el SARS-CoV-2 fue realizado por Bidra et al. (2020). [37]. Los investigadores evaluaron diferentes enjuagues bucales comerciales con PVP-I, en concentraciones de 0,5%, 1,0% y 1,5%, contra el SARS-CoV-2 en cultivos celulares. Los resultados fueron impresionantes: todas las concentraciones probadas inactivaron completamente el virus en un tiempo de contacto de 15 segundos. La carga viral se redujo en más del 99,99% (> 4 log₁₀ de reducción), lo que demuestra el potente efecto virucida del PVP-I. [37].

    Frank et al. (2020) investigaron la eficacia de los antisépticos nasales de PVP-I contra el SARS-CoV-2. [38]. Probaron diversas formulaciones, incluidas soluciones acuosas y geles in situ, desarrolladas para su aplicación nasal. Los resultados mostraron una inactivación del virus dependiente de la dosis y del tiempo. Con una concentración de 0,51 % de PVP-I, se logró una reducción > 4 log₁₀ de la carga viral en un plazo de 15 segundos. Las formulaciones de gel in situ mostraron un efecto virucida prolongado debido a su mayor tiempo de permanencia en la cavidad nasal. [38].

    Pelletier et al. (2021) realizaron un estudio exhaustivo in vitro que probó varias formulaciones de PVP-I para aplicaciones nasales y orales. [39]. El estudio confirmó la inactivación rápida y completa del SARS-CoV-2 a concentraciones a partir de 0,51 TP3T de PVP-I. Además, se llevaron a cabo estudios de toxicidad en cultivos celulares y in vivo en modelos animales, que no mostraron toxicidad significativa en las concentraciones analizadas [39].

    Mecanismo de acción antiviral

    La acción virucida del yodo se basa en su fuerte poder oxidante. El yodo penetra la envoltura viral y oxida proteínas, lípidos y ácidos nucleicos virales esenciales. En virus envueltos como el SARS-CoV-2, la oxidación de la membrana lipídica conduce a la desestabilización de la envoltura viral y a la pérdida de la infectividad. Adicionalmente, el yodo puede dañar oxidativamente las proteínas de la superficie viral, incluida la proteína Spike del SARS-CoV-2, lo que impide la unión a los receptores celulares.

    A diferencia de muchos otros antisépticos, los virus no desarrollan resistencia al yodo, ya que ataca múltiples objetivos al mismo tiempo. Esto hace que los antisépticos a base de yodo sean especialmente valiosos en el control de infecciones, especialmente contra patógenos virales emergentes.

    Aplicaciones clínicas y estudios

    Basándose en los prometedores datos in vitro, se iniciaron varios estudios clínicos para investigar la eficacia de los enjuagues nasales y orales de PVP-I en pacientes con COVID-19. La hipótesis fue que la reducción de la carga viral en la nariz y la garganta podría disminuir la transmisión y potencialmente atenuar el curso de la enfermedad.

    Un ensayo aleatorizado y controlado evaluó el efecto de las soluciones nasales y para gárgaras de PVP-I 0,51 % en pacientes ambulatorios con COVID-19. Se indicó a los pacientes que se enjuagaran la nariz y se hicieran gárgaras cuatro veces al día. Los criterios de valoración principales fueron la variación de la carga viral (medida como valor Ct en las pruebas de PCR) y la duración de la excreción viral.

    Los resultados mostraron una tendencia a la reducción de la carga viral en el grupo de tratamiento, con valores de Ct que aumentaron más rápidamente (lo que corresponde a una carga viral más baja) que en el grupo de control. Sin embargo, la diferencia no alcanzó significancia estadística en la mayoría de los puntos temporales, posiblemente debido al pequeño tamaño de la muestra y a la alta variabilidad de la carga viral entre individuos. [39].

    Una aplicación importante de PVP-I es la antisepsia preoperatoria en pacientes que se someterán a procedimientos quirúrgicos o dentales. Varios estudios han demostrado que la aplicación preoperatoria de enjuagues bucales de PVP-I reduce la formación de aerosoles durante los procedimientos y disminuye el riesgo de infección para el personal médico. Esto es particularmente relevante en procedimientos que generan aerosoles, como la intubación, la broncoscopia o los tratamientos dentales. [37], [38].

    Amplio espectro antiviral

    La acción antiviral del yodo no se limita al SARS-CoV-2. Los estudios han demostrado que el povidona yodada es eficaz contra una amplia gama de virus, incluyendo:

    • Virus de la influenza
      El PVP-I inactiva los virus de la influenza A y B in vitro e in vivo. Estudios clínicos han demostrado que las soluciones de gárgaras de PVP-I pueden reducir la incidencia de infecciones por influenza en poblaciones expuestas.
    • Herpesvirus
      El yodo es eficaz contra el virus del herpes simple (VHS-1 y VHS-2), el virus de la varicela-zóster y el citomegalovirus. Las aplicaciones tópicas de yodo se utilizan para tratar el herpes labial y el herpes genital.
    • VIH
      Estudios in vitro han demostrado que la PVP-I puede inactivar el VIH-1. Esto tiene implicaciones para la prevención de la transmisión sexual y la transmisión de madre a hijo.
    • Norovirus
      Estos virus gastrointestinales altamente contagiosos son resistentes a muchos desinfectantes, pero sensibles al yodo.
    • Virus respiratorios
      Además de la influenza y el SARS-CoV-2, el PVP-I es eficaz contra el virus sincicial respiratorio (VSR), adenovirus y otros patógenos respiratorios.

    Solución de Lugol frente a povidona yodada

    Es importante destacar que la mayoría de los estudios sobre el efecto antiviral contra el SARS-CoV-2 se han realizado con povidona yodada, y no con la solución de Lugol. El PVP-I tiene varias ventajas para aplicaciones tópicas:

    • Mejor tolerancia tisular
      El PVP-I libera yodo más lentamente que la solución de Lugol, lo que resulta en una menor irritación local.
    • Efecto prolongado
      La formación de complejos con polivinilpirrolidona produce un efecto depot con liberación sostenida de yodo.
    • Estabilidad
      Las formulaciones de PVP-I son más estables y tienen una vida útil más larga que la solución de Lugol.
    • Disponibilidad comercial
      El PVP-I está comercialmente disponible en formulaciones estandarizadas para diversas aplicaciones (enjuagues bucales, aerosoles nasales, desinfectantes para la piel).

      Faltan estudios de comparación directa entre la solución de Lugol y el PVP-I para aplicaciones antivirales. Teóricamente, la solución de Lugol también debería poseer propiedades virucidas debido a su alto contenido de yodo libre, pero su mayor toxicidad tisular la hace menos adecuada para aplicaciones en mucosas. Para aplicaciones tópicas en la piel, la solución de Lugol podría ser una alternativa rentable al PVP-I, pero se requieren más estudios para validar esto.

      Seguridad y efectos secundarios

      La aplicación tópica de PVP-I en las concentraciones recomendadas (0,5-1,5 %) es, en general, segura y bien tolerada. Los posibles efectos secundarios incluyen:

      • Irritación local
        Ardor o picazón al aplicarse en membranas mucosas, generalmente leve y temporal.
      • Cambios en el sabor
        Sabor metálico o amargo después de la administración oral.
      • Reacciones alérgicas
        Raro, pero las alergias al yodo son posibles.
      • Trastornos de la función tiroidea
        La absorción sistémica de yodo, tras una aplicación prolongada o en dosis altas, puede provocar disfunción tiroidea, especialmente en personas con enfermedades tiroideas preexistentes.

      Las contraindicaciones del PVP-I incluyen alergia conocida al yodo, hipertiroidismo, embarazo (cuando hay absorción sistémica) y recién nacidos. Sin embargo, con la aplicación tópica a corto plazo, los efectos sistémicos son poco probables.

      Conclusiones y perspectivas

      La evidencia de la potente acción virucida del povidona yodada contra el SARS-CoV-2 y otros virus es sólida. Los enjuagues nasales y bucales con PVP-I representan una medida simple, económica y segura para reducir la carga viral en las vías respiratorias superiores. Su aplicación es especialmente útil en situaciones de alto riesgo, como entornos preoperatorios, para el personal médico con altas tasas de exposición y posiblemente como medida adyuvante en pacientes con COVID-19 para reducir la transmisión. [37], [38], [39].

      Se necesita más investigación para definir las concentraciones, frecuencias y duraciones óptimas de administración, así como para confirmar la eficacia clínica en estudios aleatorizados más amplios. El papel del PVP-I en la prevención y tratamiento de otras infecciones virales también debe ser investigado. La amplia disponibilidad, el bajo costo y el bajo riesgo de resistencia hacen de los antisépticos a base de yodo una valiosa herramienta en el arsenal de control de infecciones.

      Epidemiología global de la deficiencia de yodo

      La deficiencia de yodo es una de las causas prevenibles más comunes de daño cerebral y retraso mental en todo el mundo. A pesar de los avances significativos en las últimas décadas a través de la introducción de programas de yodación universal de la sal (USI), la deficiencia de yodo sigue siendo un problema importante de salud pública en muchas regiones, especialmente entre poblaciones vulnerables como las mujeres embarazadas y los niños.

      Situación global de suministro: avances y déficits persistentes

      Un análisis exhaustivo de Gizak et al. (2017) investigó el estado global del yodo, con un enfoque particular en las mujeres en edad reproductiva [40]. El estudio se basó en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el UNICEF y analizó la concentración mediana de yodo en la orina (CMYO) como un indicador del suministro de yodo a nivel de población.

      Los resultados mostraron que, si bien la mayoría de los países (alrededor del 70 %) ha alcanzado un nivel adecuado de yodo en la población (MUI 100-299 µg/L), existen diferencias regionales significativas. La situación es especialmente preocupante en el caso de las mujeres embarazadas: en 37 países se ha documentado un aporte insuficiente de yodo en las mujeres embarazadas, incluso en algunos países en los que la población general cuenta con un aporte adecuado. [40].

      La OMS recomienda para las mujeres embarazadas una UI de 150-249 µg/L, lo que equivale a una ingesta diaria de yodo de aproximadamente 250 µg. Este requisito más alto refleja la mayor necesidad de yodo durante el embarazo debido al aumento de la producción de hormonas tiroideas maternas, la depuración renal de yodo y la necesidad de yodo fetal. En muchos países, las mujeres embarazadas no alcanzan estos valores objetivo, incluso si la población general está adecuadamente abastecida. [40].

      Las regiones con una prevalencia particularmente alta de deficiencia de yodo incluyen:

      • África subsahariana
        Muchos países aún no han implementado la yodación universal de la sal.
      • Sudasiático
        A pesar de los programas de la USI, a menudo existen lagunas de servicio en las zonas rurales.
      • Europa oriental
        Tras el colapso de la Unión Soviética, algunos países experimentaron una disminución en el suministro de yodo.
      • Partes de Europa Occidental
        Sorprendentemente, algunos países de Europa occidental (por ejemplo, Gran Bretaña, Noruega) muestran deficiencias de yodo leves a moderadas, especialmente en mujeres embarazadas.

      Yodación Universal de la Sal – Historia de Éxito y Desafíos

      La yodación universal de la sal (YUS) es la estrategia más importante a nivel mundial para la prevención de los trastornos por deficiencia de yodo. El concepto es simple: al fortificar la sal de cocina con yodo (típicamente de 20 a 40 mg de yodo por kg de sal), se puede asegurar que toda la población reciba suficiente yodo, ya que la sal es un alimento de consumo universal.

      Una evaluación de impacto de Lim (2022) examinó la eficacia de USI en Sarawak, Malasia, durante un período de 10 años. [41]. El estudio comparó datos de escolares antes y después de la introducción de USI. Los resultados fueron impresionantes:

      • La concentración mediana de yodo en orina aumentó de 102,1 µg/L (deficiencia leve) a 126,0 µg/L (aporte adecuado).
      • La prevalencia del bocio entre los escolares se redujo de 8,21 % a 2,11 %.
      • La prevalencia de la carencia de yodo (MUI < 100 µg/L) se redujo del 52,31 % al 28,71 %. [41].

      Estos resultados demuestran la efectividad de la USI como intervención de salud pública. Éxitos similares se han documentado en muchos otros países que han implementado programas de USI.

      Un análisis especialmente exhaustivo proviene de China, donde Liu et al. (2021) examinaron la nutrición de yodo después de 20 años de yodación universal de la sal [42]. China implementó un programa nacional de yodo en 1995, después de haber tenido una de las prevalencias más altas del mundo de trastornos por deficiencia de yodo. La investigación analizó datos de más de 22,000 personas de todas las provincias de China.

      Los hallazgos principales fueron:

      • La cobertura con sal yodada alcanzó el 95,41 % de los hogares.
      • La mediana de la concentración de yodo en orina fue de 163,3 µg/L, dentro del rango óptimo.
      • La prevalencia del bocio en los niños se redujo del 20,41 % (1995) al 2,61 % (2014).
      • El cretinismo, que era frecuente en zonas endémicas antes de la SIU, ha sido prácticamente eliminado [42].

      Sin embargo, el estudio también identificó nuevos desafíos:

      • Persisten diferencias regionales, con algunas áreas que aún presentan deficiencia de yodo y otras con un aporte excesivo de yodo.
      • En regiones costeras con alto consumo de mariscos, se ha observado un consumo excesivo de yodo en algunas poblaciones (MUI > 300 µg/L).
      • Se enfatizó la necesidad de una monitorización y ajuste continuos de los niveles de yodación. [42].

      Hipertiroidismo inducido por yerba mate – El reverso de la moneda

      Un fenómeno paradójico observado con la introducción de programas de yodación de la sal en áreas previamente deficientes en yodo es la tiroides inducida por yodo (fenómeno de Jod-Basedow). En individuos con deficiencia de yodo a largo plazo, pueden desarrollarse nódulos tiroideos autónomos que producen hormonas independientemente de la TSH. Cuando dichas personas se exponen repentinamente a cantidades elevadas de yodo (por ejemplo, mediante la introducción de sal yodada), puede producirse una sobreproducción incontrolada de hormonas tiroideas.

      Este fenómeno se observó en varios países tras la introducción de la USI, típicamente como un aumento temporal de la incidencia de hipertiroidismo en los primeros años posteriores al inicio del programa. Con el tiempo, la situación se normaliza a medida que nuevas generaciones crecen sin deficiencia crónica de yodo y no desarrollan nódulos autónomos.

      La experiencia de diferentes países ha demostrado que la introducción gradual de la yodación de la sal con niveles moderados de yodo puede minimizar el riesgo de hipertiroidismo inducido por yodo. Además, es importante una monitorización estrecha de la función tiroidea en la población, especialmente en personas mayores, durante los primeros años posteriores a la introducción de la yodación universal de la sal.

      Vigilancia y Supervisión

      La implementación y el mantenimiento exitosos de los programas USI requieren un monitoreo continuo en varios niveles:

      • Nivel doméstico
        Encuestas periódicas sobre la cobertura de sal yodada y la concentración de yodo en la sal.
      • Nivel poblacional
        Mediciones periódicas de la concentración media de yodo en la orina en muestras representativas, especialmente en escolares y embarazadas.
      • Nivel clínico
        Supervisión de la prevalencia de bocio, hipotiroidismo, hipertiroidismo y otras enfermedades de la tiroides.
      • Laborebene
        Control de calidad de la yodación de la sal en plantas de producción.

      La OMS, el UNICEF y la Red Mundial del Yodo (IGN) han desarrollado protocolos estandarizados para el seguimiento de los programas de nutrición de yodo. Estos protocolos permiten la comparabilidad de los datos entre países y a lo largo del tiempo, y ayudan a identificar problemas de forma temprana. [40], [41], [42].

      Desafíos y direcciones futuras

      A pesar de los impresionantes éxitos de los programas de USI, existen varios desafíos:

      • Poblaciones vulnerables
        Las mujeres embarazadas y en período de lactancia tienen una mayor necesidad de yodo que a menudo no se satisface solo con el yodo en sal fortificada. Puede ser necesaria una suplementación adicional.
      • Campañas de reducción de sal
        Las iniciativas de salud pública para reducir la ingesta de sal en la prevención de la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares pueden reducir involuntariamente la ingesta de yodo. Se deben considerar estrategias para aumentar la concentración de yodo en la sal o fuentes alternativas de yodo.
      • Cambio de hábitos alimenticios
        El consumo creciente de alimentos procesados, que a menudo contienen sal no yodada, puede reducir la ingesta de yodo.
      • Inestabilidad política y económica
        En regiones de conflicto y países económicamente inestables, mantener los programas de USI es un desafío.
      • Cambio climático
        Los cambios en las prácticas agrícolas y la erosión del suelo pueden afectar el contenido de yodo en los alimentos.

      La comunidad global debe continuar invirtiendo en programas de yodación y desarrollar estrategias innovadoras para cerrar las brechas restantes y mantener los logros alcanzados.

      Yodo en el embarazo y el desarrollo fetal

      El embarazo es una etapa crítica en la que un suministro adecuado de yodo es de importancia fundamental para la salud de la madre y el niño. El yodo es esencial para la síntesis de hormonas tiroideas, que a su vez desempeñan un papel central en el desarrollo del cerebro fetal. La deficiencia de yodo durante el embarazo puede provocar daños neurológicos graves e irreversibles en el niño.

      Aumento de las necesidades de yodo en el embarazo

      Las necesidades de yodo aumentan significativamente durante el embarazo por varias razones:

      • Aumento de la producción de hormonas tiroideas maternas
        Ya en el primer trimestre, la producción de T₄ aumenta en torno a un 50% para cubrir el mayor gasto metabólico y abastecer al feto, cuya propia glándula tiroides no empieza a funcionar hasta entre la semana 10 y la 12 de gestación.
      • Aumento de la depuración renal de yodo
        La tasa de filtración glomerular aumenta entre un 30 % y un 50 % durante el embarazo, lo que provoca un aumento de la excreción renal de yodo.
      • Transferencia placentaria de yodo
        El yodo se transporta activamente a través de la placenta hacia el feto para abastecer su glándula tiroides.
      • Volumen de distribución aumentado
        El volumen sanguíneo materno aumenta en torno a un 50% durante el embarazo, lo que provoca una dilución de la concentración de yodo.

      Debido a estos factores, la OMS y otras organizaciones internacionales recomiendan una ingesta diaria de yodo de 250 µg para las mujeres embarazadas, en comparación con los 150 µg para los adultos no embarazados. En muchos países, las mujeres embarazadas no alcanzan estas ingestas objetivo, incluso cuando la población general tiene una ingesta adecuada. [40].

      Desarrollo cerebral fetal: ventanas críticas de vulnerabilidad

      El desarrollo cerebral fetal es un proceso altamente complejo que ocurre en varias fases críticas. Las hormonas tiroideas son esenciales en todas las fases, desde la neurogénesis temprana hasta la mielinización tardía. Puig-Domingo y Vila (2013) describen en su artículo de revisión los roles específicos de las hormonas tiroideas en el desarrollo cerebral fetal. [43].

      Primer trimestre

      En esta fase, el feto depende completamente de las hormonas tiroideas maternas, ya que su propia glándula tiroides aún no es funcional. La T₄ cruza la placenta y se convierte en T₃ en el cerebro fetal. Las hormonas tiroideas regulan la expresión de genes esenciales para la neurogénesis, la migración neuronal y la formación de las capas corticales. La deficiencia severa de yodo en esta etapa puede resultar en anomalías cerebrales estructurales irreversibles. [43].

      Segundo y tercer trimestre

      A partir de la semana 10-12 de embarazo, la glándula tiroides fetal comienza a producir sus propias hormonas, pero sigue dependiendo del aporte de yodo de la madre. En esta fase, las hormonas tiroideas son cruciales para la mielinización, la sinaptogénesis y el desarrollo de regiones cerebrales específicas como el hipocampo y el cerebelo. La deficiencia de yodo en esta etapa puede provocar retrasos en la mielinización y alteraciones en el desarrollo cognitivo. [43].

      Cretinismo: la forma más grave de la enfermedad por deficiencia de yodo.

      La deficiencia severa de yodo durante el embarazo conduce al cretinismo, un síndrome caracterizado por retraso mental grave, sordera, espasticidad y trastornos del crecimiento. Se distinguen dos formas:

      • Cretinismo neurológico
        Dominado por retraso mental, sordera y déficits motores, causado por daño cerebral irreversible durante el desarrollo fetal.
      • Mixedema cretinismo
        Caracterizado por hipotiroidismo severo, retraso del crecimiento y pubertad tardía, además de déficits neurológicos.

      El cretinismo ha sido prácticamente eliminado en regiones con un suministro adecuado de yodo, pero persiste en algunas áreas endémicas con deficiencia de yodo. La prevención mediante suplementación de yodo antes o durante el embarazo temprano es muy eficaz. [43].

      Deficiencia materna leve a moderada de yodo: efectos sutiles pero significativos

      Si bien la deficiencia grave de yodo conduce a manifestaciones clínicas obvias, los efectos de la insuficiencia de yodo leve a moderada son más sutiles, pero aun así significativos. Varios estudios han demostrado que incluso la hipotiroxinemia materna leve (niveles bajos de T₄ con TSH normal) se asocia con un deterioro del desarrollo cognitivo infantil.

      Melse-Boonstra et al. (2012) realizaron una revisión sistemática de los efectos de la suplementación con yodo durante el embarazo en la cognición infantil. [45]. El análisis incluyó varios estudios aleatorizados controlados de diferentes países con diferentes estados de yodo basales.

      Los hallazgos principales fueron:

      • En regiones con deficiencia severa de yodo, la suplementación con yodo condujo a mejoras significativas en el desarrollo cognitivo, medido por pruebas de CI y escalas de desarrollo.
      • En regiones con deficiencia de yodo leve a moderada, los efectos fueron menos pronunciados, pero aún así detectables, especialmente en dominios cognitivos específicos como el lenguaje y la motricidad fina.
      • El momento de la suplementación fue crítico: las intervenciones que comenzaron antes de la concepción o en el primer trimestre mostraron mayores efectos que aquellas que se iniciaron más tarde en el embarazo. [45].

      Estos hallazgos subrayan la importancia de la suplementación con yodo preconcepcional y prenatal temprana, especialmente en poblaciones con un suministro de yodo subóptimo.

      Disruptores endocrinos y deficiencia de yodo: riesgos sinérgicos

      Una revisión más reciente de Grossklaus et al. (2023) destaca las complejas interacciones entre la deficiencia de yodo, la hipotiroxinemia materna y la exposición a disruptores endocrinos. [44]. Los disruptores endocrinos son productos químicos ambientales que pueden afectar la función tiroidea, incluyendo el perclorato, el tiocianato, los bifenilos policlorados (BPC) y ciertos pesticidas.

      Los autores argumentan que la combinación de una ingesta leve de yodo deficiente y la exposición a disruptores endocrinos puede tener efectos negativos sinérgicos en el desarrollo del cerebro fetal. Los disruptores endocrinos pueden:

      • Inhibir la producción de hormonas tiroideas
      • Interrumpir la conversión periférica de T₄ a T₃
      • Influir en la unión de las hormonas tiroideas a proteínas transportadoras
      • Modulan la expresión de receptores de hormonas tiroideas en el cerebro fetal

      Con un suministro adecuado de yodo, la glándula tiroides puede compensar estas alteraciones, pero con deficiencia de yodo concurrente, la capacidad de compensación se ve limitada, lo que puede provocar efectos clínicamente relevantes. [44].

      Estas conclusiones tienen importantes implicaciones para la salud pública: en poblaciones expuestas a disruptores endocrinos (algo prácticamente ubicuo en los países industrializados), el umbral para una ingesta de yodo „adecuada“ podría ser más alto de lo que se pensaba tradicionalmente. La suplementación adicional de yodo podría ser especialmente importante en tales contextos.

      Suplementación de yodo en el embarazo: recomendaciones y práctica

      Basándose en la evidencia, la mayoría de las organizaciones internacionales recomiendan la suplementación con yodo para las mujeres embarazadas en regiones con un suministro de yodo subóptimo. Las recomendaciones específicas varían:

      • OMS/UNICEF
        250 µg de yodo al día para embarazadas y lactantes, preferiblemente a través de sal yodada, complementando con suplementos si es necesario.
      • Asociación Americana de Tiroides
        150 µg de yodo por día como suplemento para embarazadas y lactantes en Norteamérica, además de la ingesta de yodo a través de la dieta.
      • Asociación Europea de Tiroides
        Recomendaciones similares, con énfasis en la suplementación preconcepcional.

      En la práctica, el cumplimiento de las recomendaciones de suplementación es a menudo subóptimo. Muchos multivitamínicos prenatales no contienen yodo o solo cantidades insuficientes. La educación del personal de salud y las mujeres embarazadas sobre la importancia del yodo es esencial.

      Solución de Lugol en el embarazo – Precaución necesaria

      Mientras que la suplementación con yodo en dosis fisiológicas (150-250 µg/día) es segura y recomendada durante el embarazo, la solución de Lugol en las dosis altas utilizadas para tratar enfermedades de la tiroides debe evitarse durante el embarazo. Las altas dosis de yodo pueden causar hipotiroidismo y bocio en el feto, ya que el mecanismo de escape fetal del efecto Wolff-Chaikoff aún no está completamente desarrollado.

      Si el tratamiento con solución de Lugol es médicamente necesario en una mujer embarazada (por ejemplo, en caso de crisis tirotóxica), solo debe realizarse bajo estrecha supervisión médica y durante el menor tiempo posible. La función tiroidea fetal debe controlarse mediante ecografía (cribado de bocio). [43].

      Período de lactancia – continuación de la suplementación de yodo

      La mayor necesidad de yodo persiste durante la lactancia, ya que el yodo se secreta en la leche materna y es la única fuente de yodo para el lactante amamantado. La OMS recomienda 250 µg de yodo al día para las mujeres lactantes. Los estudios han demostrado que la concentración de yodo en la leche materna depende directamente de la ingesta materna de yodo.

      En caso de una ingesta de yodo materna insuficiente, la leche materna no puede proporcionar suficiente yodo para cubrir las necesidades del lactante, lo que puede provocar hipotiroidismo y retrasos en el desarrollo. Por lo tanto, es importante continuar la suplementación con yodo durante todo el período de lactancia. [45].

      Tiroiditis de Hashimoto y autoinmunidad inducida por yodo

      La relación entre el yodo y la tiroiditis autoinmune, en particular la tiroiditis de Hashimoto (TH), es compleja y paradójica. Mientras que la deficiencia de yodo se asocia con diversas enfermedades tiroideas, el exceso de ingesta de yodo también puede desencadenar o empeorar la tiroiditis autoinmune. Este fenómeno hace que el yodo sea un „arma de doble filo“ en la salud tiroidea y subraya la importancia de un suministro equilibrado de yodo.

      Mecanismos de la autoinmunidad inducida por yodo

      Se han identificado varios mecanismos moleculares y celulares a través de los cuales el exceso de yodo puede promover la tiroiditis autoinmune. Un estudio reciente de Pazinjuk y Tang (2023) investigó el papel de HIF-1α (Factor Inducible por Hipoxia 1-alfa) en la apoptosis inducida por yodo de las células foliculares de la tiroides. [46].

      Los investigadores expusieron células foliculares tiroideas in vitro a altas concentraciones de yodo y analizaron los cambios celulares resultantes. Los hallazgos principales fueron:

      • El yodo excesivo activó la vía de señalización HIF-1α, a pesar de condiciones normóxicas (un fenómeno denominado activación „pseudohipóxica“).
      • La activación de HIF-1α condujo a una mayor expresión de proteínas proapoptóticas y a la activación de caspasas.
      • La apoptosis resultante de las células foliculares llevó a la liberación de antígenos intracelulares, que incluyen la tiroglobulina y la peroxidasa tiroidea (TPO).
      • Estos antígenos liberados pueden ser reconocidos por el sistema inmunitario como „extraños“, especialmente si están en forma oxidada o modificada, lo que inicia una respuesta autoinmune. [46].

      Otro mecanismo importante es el aumento inducido por el yodo de la inmunogenicidad de la tiroglobulina. La tiroglobulina hiperyodada es más inmunogénica que la tiroglobulina yodada normalmente. Con una ingesta excesiva de yodo, el grado de yodación de la tiroglobulina aumenta, lo que incrementa la probabilidad de que sea reconocida como autoantígeno.

      Además, el exceso de yodo puede aumentar la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) en los tirocitos. Si bien la producción moderada de ROS es necesaria para la función tiroidea normal (yodación de la tiroglobulina), el estrés oxidativo excesivo puede provocar daño celular, daño del ADN e inflamación, lo que a su vez puede promover procesos autoinmunes.

      Evidencia epidemiológica – Ingesta de yodo y tiroiditis autoinmune

      Varios estudios basados en la población han investigado la relación entre la ingesta de yodo y la prevalencia de tiroiditis autoinmune. Un estudio pionero de Teng et al. (2011) comparó tres regiones de China con diferentes estados de yodo. [47]:

      • Región con deficiencia de yodo MUI < 100 µg/L
      • Región con aporte adecuado de yodo: MUI 100-199 µg/L
      • Región con ingesta de yodo más que adecuada: MUI 200-299 µg/L

      El estudio incluyó a más de 3.000 participantes y analizó la función tiroidea, los autoanticuerpos (anti-TPO y anti-tiroglobulina) y los hallazgos ecográficos. Los resultados principales fueron:

      • La prevalencia del hipotiroidismo subclínico fue significativamente mayor en la región con un aporte de yodo más que adecuado (6,51 % de la población) que en la región con un aporte adecuado (3,21 % de la población) o con carencia de yodo (2,21 % de la población).
      • La prevalencia de anticuerpos anti-TPO positivos también fue mayor en la región con mayor ingesta de yodo (18,61 % frente a 13,11 % frente a 10,21 %).
      • Se observaron patrones similares para los anticuerpos antitiroglobulina. [47].

      Estos hallazgos sugieren una relación en forma de U entre la ingesta de yodo y la salud de la tiroides: tanto una ingesta insuficiente como excesiva de yodo se asocian con tasas elevadas de enfermedades tiroideas, mientras que una ingesta de yodo moderada y adecuada es óptima.

      Otro estudio de Li et al. (2021) investigó específicamente a pacientes con diagnóstico de tiroiditis de Hashimoto y analizó la correlación entre la concentración de yodo en orina y los títulos de autoanticuerpos, así como la función tiroidea. [48]. El estudio incluyó a 286 pacientes con HT, que se dividieron en tres grupos según su concentración de yodo en orina:

      • Baja ingesta de yodo: UIC < 100 µg/L
      • Aporte adecuado de yodo: UIC 100-199 µg/L
      • Alta ingesta de yodo: UIC ≥ 200 µg/L

      Los hallazgos principales fueron:

      • Los pacientes con alta ingesta de yodo tuvieron títulos de anticuerpos anti-TPO significativamente más altos que los pacientes con ingesta de yodo adecuada o baja.
      • La prevalencia de hipotiroidismo manifiesto fue mayor en el grupo con alta ingesta de yodo.
      • Los niveles de TSH se correlacionaron positivamente con la concentración de yodo en la orina en pacientes con HT [48].

      Estos hallazgos sugieren que en pacientes con tiroiditis de Hashimoto preexistente, una alta ingesta de yodo puede exacerbar la actividad autoinmune y empeorar la función tiroidea.

      Tiroiditis autoinmune inducida por yodo tras la introducción de la yodación de la sal

      Un interesante experimento natural sobre la relación entre el yodo y la autoinmunidad surge de la introducción de la yodación universal de la sal (YUS) en regiones previamente deficientes en yodo. Varios estudios han observado un aumento transitorio en la prevalencia de tiroiditis autoinmune en los años posteriores a la introducción de la YUS.

      Este aumento se interpreta típicamente como la revelación de procesos autoinmunes previamente subclínicos: en áreas de deficiencia de yodo, puede existir tiroiditis autoinmune, pero no se manifiesta como hipotiroidismo, ya que la glándula tiroides ya es hipoactiva debido a la falta de yodo. Después de la introducción de la suplementación con yodo, la destrucción autoinmune de la glándula tiroides se vuelve clínicamente aparente.

      Sin embargo, los estudios a largo plazo demuestran que la prevalencia de la tiroiditis autoinmune se estabiliza o incluso disminuye ligeramente después de un aumento inicial si el suministro de yodo se mantiene en un rango óptimo. Esto subraya la importancia de una ingesta de yodo equilibrada y no excesiva.

      Susceptibilidad genética y factores ambientales

      Es importante destacar que no todos los individuos expuestos a altas cantidades de yodo desarrollan tiroiditis autoinmune. Los factores genéticos juegan un papel importante en la susceptibilidad. Ciertos haplotipos de HLA (particularmente HLA-DR3 y HLA-DR5) se asocian con un mayor riesgo de tiroiditis autoinmune.

      El desarrollo de la tiroiditis autoinmune es probablemente el resultado de una interacción entre la predisposición genética y los factores ambientales, entre los que se encuentra el consumo excesivo de yodo. Otros factores ambientales asociados a la tiroiditis autoinmune incluyen:

      • Infecciones virales (mimetismo molecular)
      • Fumar (paradójicamente protector para la enfermedad de Graves, pero factor de riesgo para la tiroiditis de Hashimoto)
      • Deficiencia de selenio
      • Deficiencia de vitamina D
      • estrés
      • Ciertos medicamentos (por ejemplo, Interferón-α, Amiodarona)

      Implicaciones clínicas para pacientes con tiroiditis de Hashimoto

      Para los pacientes con tiroiditis de Hashimoto diagnosticada, la evidencia arroja varias implicaciones clínicas:

      • Evitar el exceso de yodo
        Se debe aconsejar a los pacientes que eviten los suplementos de yodo en dosis altas. El uso de sal yodada en cantidades normales es generalmente seguro, pero se deben evitar los suplementos de yodo adicionales (> 500 µg/día) a menos que estén médicamente indicados.
      • Precaución con los medicamentos que contienen yodo
        La amiodarona, un antiarrítmico con alto contenido de yodo, puede desencadenar o exacerbar la tiroiditis autoinmune. En pacientes con TI que requieren amiodarona, es necesario un estrecho seguimiento de la función tiroidea.
      • Precaución con los medios de contraste yodados
        Las exploraciones radiológicas con medios de contraste yodados pueden provocar una exacerbación aguda de la tiroiditis autoinmune. Si es posible, se deben utilizar medios de contraste alternativos o se debe monitorizar la función tiroidea después del examen.
      • Evaluación individual del estado del yodo
        En pacientes con tiroiditis de Hashimoto recién diagnosticada o en deterioro, la medición de la concentración de yodo en la orina puede ser útil para determinar si el consumo excesivo de yodo es un factor que contribuye. [48].
      • No hay restricción general de yodo
        Es ist wichtig zu betonen, dass Patienten mit Hashimoto nicht generell Jod meiden sollten. Eine adäquate Jodzufuhr (150 µg/Tag für Erwachsene) ist auch bei HT-Patienten notwendig für die normale Schilddrüsenfunktion. Nur exzessive Mengen sollten vermieden werden.

      Solución de Lugol en la tiroiditis de Hashimoto: contraindicación

      El uso de la solución de Lugol en dosis altas, como las utilizadas en la enfermedad de Graves, está contraindicado en pacientes con tiroiditis de Hashimoto. Las altas dosis de yodo podrían potenciar la actividad autoinmune y provocar un empeoramiento agudo de la función tiroidea.

      En casos raros en los que la yodoterapia a corto plazo sea médicamente necesaria en un paciente con HT (por ejemplo, preoperatoria con hipertiroidismo concomitante), esto solo debe realizarse bajo estrecha supervisión y durante el menor tiempo posible.

      Estrategias preventivas y salud pública

      Desde una perspectiva de salud pública, estos hallazgos subrayan la importancia de un suministro óptimo, no excesivo, de yodo. Los programas de yodación de la sal deben tener como objetivo mantener a la población dentro del rango óptimo (MUI 100-199 µg/L para la población general, 150-249 µg/L para mujeres embarazadas), sin llegar al rango de ingesta excesiva (MUI > 300 µg/L).

      El monitoreo continuo del suministro de yodo y la prevalencia de enfermedades tiroideas, incluida la tiroiditis autoinmune, es esencial. Si se observa un aumento en la prevalencia de tiroiditis autoinmune, puede ser necesario ajustar la concentración de yodo en la sal. [47].

      La concienciación de la población sobre los riesgos tanto de la deficiencia de yodo como del exceso de yodo es importante. El mensaje de „más es mejor“ no se aplica al yodo; el objetivo es una ingesta equilibrada y adecuada.

      discusión

      Potencial terapéutico y evidencia clínica.

      Los estudios analizados en este informe demuestran un amplio potencial terapéutico del yodo, el yoduro y la solución de Lugol, que va mucho más allá de su aplicación clásica en enfermedades de la tiroides. La evidencia se puede clasificar en varias categorías según su calidad y relevancia clínica:

      Aplicaciones establecidas con fuerte evidencia

      • Preparación preoperatoria en la enfermedad de Graves
        La solución de Lugol es eficaz en la reducción de la vascularización tiroidea y la pérdida de sangre intraoperatoria. Varios estudios prospectivos y un ensayo controlado aleatorio en curso (LIGRADIS) respaldan esta aplicación. [5], [16], [28].
      • Acción antimicrobiana
        La amplia actividad antimicrobiana del yodo contra bacterias, virus, hongos y protozoos está bien documentada. La eficacia contra patógenos multirresistentes como el SARM y la potente actividad virucida contra el SARS-CoV-2 son clínicamente relevantes. [10], [37], [38], [39].
      • Radioterapia con yodo radiactivo para el carcinoma de tiroides de alto riesgo
        La eficacia del ¹³¹I en el carcinoma de tiroides diferenciado avanzado está respaldada por grandes análisis de bases de datos [34].
      • Prevención de enfermedades por deficiencia de yodo
        La yodación universal de la sal es una de las intervenciones de salud pública más exitosas a nivel mundial, con eficacia documentada en la prevención del cretinismo, el bocio y los déficits cognitivos. [41], [42].

      Aplicaciones prometedoras con evidencia moderada.

      • Mastopatía fibroquística
        Numerosos estudios clínicos muestran mejoras en los síntomas con la suplementación de yodo, pero los estudios suelen ser pequeños y metodológicamente limitados.
      • Profilaxis antiviral
        Los enjuagues nasales y bucales de PVP-I muestran resultados prometedores en la reducción de la carga viral de SARS-CoV-2, pero faltan estudios clínicos más amplios con puntos finales duros (transmisión, curso de la enfermedad). [37], [38], [39].
      • Suplementación de yodo en el embarazo
        La evidencia de mejoras en la cognición infantil a través de la suplementación con yodo es fuerte en regiones con deficiencia severa de yodo, pero menos consistente en regiones con deficiencia leve. [45].

      Aplicaciones experimentales con evidencia clínica limitada

      • Prevención y tratamiento del cáncer
        Los efectos antiproliferativos y pro-apoptóticos del yodo en líneas celulares de cáncer están bien documentados, pero los estudios clínicos en humanos son en gran medida inexistentes.
      • Efectos neuroprotectores
        La evidencia de efectos neuroprotectores directos no tiroideos del yodo se basa principalmente en estudios in vitro y en animales.
      • Inmunomodulación
        Los efectos inmunomoduladores del yodo son plausiblemente mecánicos, pero su relevancia clínica es incierta.

      Seguridad y efectos secundarios

      La seguridad de los preparados de yodo depende en gran medida de la dosificación, la duración de la aplicación y los factores individuales:

      Efectos secundarios agudos a dosis altas

      • Síntomas gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea)
      • Sabor metálico
      • Hinchazón y dolor de las glándulas salivales
      • Erupciones cutáneas (yododermia)
      • Raro: Reacciones anafilácticas por alergia al yodo

      Efectos secundarios relacionados con la tiroides

      • Efecto Wolff-Chaikoff con hipotiroidismo transitorio (normalmente autolimitado)
      • Hipertiroidismo inducido por yodo (fenómeno de Jod-Basedow) en pacientes con nódulos autónomos
      • Exacerbación de tiroiditis autoinmune en individuos predispuestos [46], [47], [48]
      • Hipotiroidismo/hipotiroidismo neonatal y bocio con dosis altas en el embarazo

      Riesgos a largo plazo con una ingesta crónicamente alta

      • Hipotiroidismo o hipertiroidismo crónico
      • Aumento del riesgo de tiroiditis autoinmune [47]
      • Riesgo teórico de carcinoma de tiroides (evidencia inconsistente)

      Contraindicaciones

      • Alergia conocida al yodo
      • Dermatitis herpetiforme
      • Vasculitis hipocomplementémica
      • Contraindicaciones relativas: Nódulos tiroideos autónomos, tiroiditis de Hashimoto (para aplicaciones de alta dosis)

      Interacciones con halógenos

      • El bromo puede desplazar el yodo de la glándula tiroides y aumentar la excreción renal de yodo, lo que puede ser problemático en caso de un suministro marginal de yodo. [31], [32], [33].

      La solución de Lugol en dosis altas, utilizada en enfermedades de la tiroides (100-200 mg de yodo por día), solo debe usarse bajo supervisión médica y por períodos limitados (típicamente < 2 semanas). El uso a largo plazo requiere un control regular de la función tiroidea.

      Limitaciones de la investigación actual

      A pesar de la extensa literatura sobre el yodo, existen varias lagunas de conocimiento importantes:

      • Escasez de estudios controlados aleatorizados
        Muchas aplicaciones de la solución de Lugol se basan en estudios observacionales o en la práctica histórica. Faltan ensayos controlados aleatorizados (ECA) de alta calidad para muchas indicaciones.
      • Dosificaciones óptimas poco claras
        Las dosis de la solución de Lugol varían considerablemente entre los estudios, y faltan estudios sistemáticos de dosis-respuesta.
      • Efectos a largo plazo insuficientemente investigados
        La mayoría de los estudios sobre la solución de Lugol en enfermedades tiroideas tienen períodos de seguimiento cortos. Los efectos a largo plazo sobre la función tiroidea y la autoinmunidad están insuficientemente caracterizados.
      • Aplicaciones extratiroideas
        La evidencia clínica para aplicaciones extratiroideas (mama, próstata, cerebro) se basa principalmente en estudios preclínicos. Falta la traducción a aplicaciones clínicas.
      • Lagunas mecanicistas
        Si bien se describen muchos efectos del yodo, los mecanismos moleculares subyacentes a menudo no se comprenden por completo.
      • Variabilidad individual
        Los factores que influyen en la respuesta individual a la suplementación de yodo (polimorfismos genéticos, microbioma, dieta) están poco investigados.
      • Interacciones de halógenos en humanos
        La mayoría de los datos sobre interacciones bromo-yodo provienen de estudios en animales. Faltan estudios en humanos sobre la relevancia clínica del desplazamiento de halógenos [31], [32], [33].
      • Estado óptimo de yodo
        La definición del estado de yodo „óptimo“, que evita las enfermedades por deficiencia sin promover la autoinmunidad, no está definida con precisión y podría variar individualmente. [47], [48].

      Conclusión

      El yodo es un oligoelemento esencial con diversas funciones fisiológicas que van mucho más allá de la tiroides. La solución de Lugol, una formulación de yodo utilizada durante casi dos siglos, sigue teniendo un lugar firme en la medicina moderna, especialmente en la preparación preoperatoria de pacientes con enfermedad de Graves y como antiséptico.

      Los estudios analizados en este informe ampliado demuestran que el yodo es una „espada de doble filo“: tanto la deficiencia como el exceso pueden provocar enfermedades de la tiroides. La ingesta óptima de yodo se sitúa en un rango relativamente estrecho, y tanto los programas de salud pública como la suplementación individual deben tener como objetivo alcanzar y mantener este rango óptimo.

      Nuevos hallazgos sobre las interacciones de halógenos muestran que la contaminación ambiental con bromo puede afectar el suministro de yodo, lo que podría ser clínicamente relevante en el caso de un suministro marginal de yodo. [31], [32], [33]. La aplicación estratificada por riesgo de la radioyodoterapia en el carcinoma de tiroides permite un tratamiento individualizado que optimiza la relación riesgo-beneficio. [34], [35], [36]. La potente acción antiviral del povidona yodada contra el SARS-CoV-2 y otros virus subraya la relevancia continua del yodo en el control de infecciones. [37], [38], [39].

      A pesar de los avances globales logrados a través de la yodación universal de la sal, las poblaciones vulnerables, especialmente las embarazadas, siguen estando subatendidas en muchos países. [40], [41], [42]. La importancia crítica del yodo para el desarrollo cerebral fetal hace de la optimización del suministro de yodo en mujeres embarazadas una prioridad de salud pública. [43], [44], [45]. Al mismo tiempo, la evidencia de autoinmunidad inducida por yodo muestra que una ingesta excesiva de yodo puede desencadenar o empeorar la tiroiditis de Hashimoto, lo que subraya la necesidad de un suministro equilibrado de yodo. [46], [47], [48].

      Los efectos extratiroideos del yodo, especialmente los efectos antiproliferativos en el tejido mamario y otros órganos, son prometedores, pero se necesita más investigación clínica para realizar su potencial terapéutico. Las propiedades antimicrobianas del yodo siguen siendo de gran relevancia en una era de creciente resistencia a los antibióticos.

      La investigación futura debería centrarse en las siguientes áreas:

      • Estudios aleatorizados controlados sobre la dosificación óptima y la duración de la aplicación de la solución de Lugol para diversas indicaciones
      • Estudios clínicos sobre aplicaciones extrathyroidales de yodo, especialmente en la prevención del cáncer.
      • Estudios mecanicistas sobre las bases moleculares de los efectos del yodo
      • Estudios en humanos sobre la relevancia clínica de las interacciones halógenas
      • Identificación de factores genéticos y de otro tipo que influyen en la respuesta individual al yodo
      • Desarrollo de definiciones más precisas del estado óptimo de yodo para diferentes poblaciones y etapas de la vida.
      • Estudios a largo plazo sobre los efectos de diferentes niveles de ingesta de yodo en la salud de la tiroides y la autoinmunidad

      En resumen, el yodo sigue siendo un elemento fascinante y clínicamente importante, cuyo potencial terapéutico completo aún no se ha explotado por completo. Una aplicación individualizada y basada en la evidencia de preparaciones de yodo, incluida la solución de Lugol, puede ofrecer beneficios significativos para la salud, pero requiere una comprensión profunda de la compleja fisiología y farmacología de este oligoelemento esencial.

      Dosificación científicamente fundamentada de la solución de Lugol para lograr efectos protectores tisulares

      Resumen

      Este informe analiza la evidencia científica sobre la dosis de yodo necesaria para obtener efectos protectores en órganos extratiroideos, en particular en el tejido mamario, la próstata y otros tejidos. El análisis se basa en ensayos clínicos, datos epidemiológicos de Japón y estudios experimentales sobre el yodo molecular (I₂) frente al yoduro (I⁻). Las poblaciones japonesas con una dieta tradicional rica en algas consumen una media de 1 a 3 mg de yodo al día y presentan tasas de cáncer de mama significativamente más bajas que las poblaciones occidentales. En estudios clínicos sobre la mastopatía fibroquística se utilizó con éxito I₂ molecular en dosis de 0,07 a 0,09 mg/kg de peso corporal (lo que equivale a 4,2 a 6,3 mg/día para personas de 60 a 70 kg). La evidencia muestra que el I₂ molecular presenta efectos extratiroideos superiores a los del yoduro (KI). Para la solución de Lugol (5% I₂ + 10% KI) se presentan conversiones concretas de gotas a miligramos y recomendaciones de dosificación específicas para cada órgano, exponiéndose de forma transparente las limitaciones de los datos disponibles.

      Introducción

      El papel del yodo no se limita a la función tiroidea. Tejidos extratiroideos, en particular la glándula mamaria, la próstata, los ovarios, el estómago y las glándulas salivales, expresan cotransportadores de sodio-yoduro (NIS) y otros transportadores de yodo y requieren yodo para funciones fisiológicas. [107], [108], [109], [110]. Las observaciones epidemiológicas demuestran que las poblaciones japonesas con alta ingesta de yodo a partir de algas marinas presentan tasas de cáncer de mama significativamente más bajas que las poblaciones occidentales. Esta discrepancia plantea la cuestión de qué dosis de yodo son necesarias para alcanzar niveles tisulares protectores.

      El presente análisis investiga la evidencia científica sobre dosis terapéuticas de yodo, centrándose en el yodo molecular (I₂) presente en la solución de Lugol junto con yoduro de potasio (KI). El objetivo es proporcionar indicaciones precisas en mg, autores de estudios y recomendaciones de dosificación práctica para la solución de Lugol, independientemente de los valores convencionales de Ingesta Diaria Recomendada (IDR) o los rangos normales de laboratorio.

      Fundamentos epidemiológicos: El modelo japonés

      Alimentación en Japón

      Las poblaciones japonesas consumen tradicionalmente grandes cantidades de algas marinas (kelp), lo que resulta en una ingesta de yodo significativamente mayor que en los países occidentales. [113]. La evidencia disponible muestra:

      Ingesta media de yodo del konbu (kombu)
      Los datos de consumo de los hogares arrojaron una contribución media de 1,2 mg de yodo por día solo de kombu [49]. El análisis literario estima la ingesta total media de yodo de Japón proveniente de algas marinas en 1 a 3 mg/día (1.000 a 3.000 μg/día), dependiendo del método de investigación y los hábitos alimentarios regionales [50].

      Comparación con poblaciones occidentales
      La población costera japonesa representa aproximadamente 25 veces más yodo de algas a sí mismas como poblaciones occidentales [49]. Mientras que la ingesta promedio occidental se sitúa típicamente entre 100 y 200 μg/día, los japoneses con una dieta tradicional alcanzan regularmente entre 10 y 15 veces esta cantidad.

      Incidencia de cáncer de mama y consumo de algas marinas

      estudios epidemiológicos y de casos y controles informan Asociaciones inversas entre la alta ingesta de ciertas algas (por ejemplo, Porphyra/Gim) y el riesgo de cáncer de mama [111], [112]. Esta relación se discute como un vínculo plausible, aunque no definitivamente causal. [51]. Las tasas de cáncer de mama significativamente más bajas en Japón en comparación con Europa y América del Norte se correlacionan con una mayor ingesta de yodo, aunque se deben tener en cuenta múltiples factores (dieta, genética, estilo de vida).

      Hallazgo clave
      Los datos epidemiológicos sugieren que una ingesta diaria de yodo en el rango de 1 a 3 mg se asocia con tasas reducidas de cáncer de mama, lo que supera con creces los valores RDI occidentales de 150 μg/día.

      Yodo molecular (I₂) versus yoduro (I⁻): diferencias farmacológicas

      Captación y efecto específicos del tejido

      La forma del yodo es crucial para los efectos extratiroideos. Varios estudios muestran diferencias fundamentales entre el yodo molecular (I₂) y el yoduro (I⁻) [114], [115]:

      I₂ molecular

      • Se absorbe directamente en las células mamarias y prostáticas.
      • Induce efectos antiproliferativos y proapoptóticos
      • Muestra una eficacia superior en tejidos extratiroideos [56] [57] [58] [59]

      Yoduro (I⁻, KI):

      • Actúa principalmente como tirotropínico (relacionado con la tiroides)
      • Muestra menores efectos antiproliferativos directos en muchos modelos de células tumorales
      • Menos eficaz para efectos protectores extratiroideos [56] [57] [58] [59]

      Concentraciones in vitro y umbrales de eficacia

      Arroyo-Helguera et al. se informaron efectos antiproliferativos de I₂ en células de cáncer de mama MCF-7 y células mamarias normales. El estudio mostró que las células tumorales responden más sensiblemente a I₂ que las células normales, con efectos antiproliferativos a ciertas concentraciones in vitro y efectos apoptóticos a concentraciones más altas. [57].

      Rösner y col. encontraron que Concentraciones de Lugol correspondientes a aproximadamente 20 a 80 μM de I₂ redujeron el crecimiento de células MCF-7 in vitro. El povidona-yodo (PVP-I) mostró actividad antitumoral en muestras de plasma a concentraciones correspondientes aprox. 20 μM I₂ [60].

      Datos experimentales en animales
      Dosis moderadamente altas de yodo crónico (por ejemplo,. 0,051 TP3T Suplemento de I₂) mostraron efectos antitumorales en modelos animales sin daños sistémicos evidentes [58].

      Realización importante
      Los umbrales de efectividad experimentales varían entre rangos bajos de μM y concentraciones más altas, dependiendo del tipo de célula, la duración de la exposición y la metodología [114], [115]. La transferencia a dosis orales en humanos requiere estudios clínicos.

      Dosis clínicas para tejido mamario

      Ghent et al. (1993): Estudio de referencia sobre I₂ molecular

      El grupo de trabajo de Ghent et al. realizó estudios clínicos pioneros sobre el tratamiento de la mastopatía fibrocística con diversas formas de yodo. Los resultados proporcionan las indicaciones de dosificación más precisas disponibles para efectos protectores en el tejido mamario.

      Estudio 3 (Ghent et al.):

      • Dosificación: 0,07 a 0,09 mg/kg de peso corporal de I₂ molecular
      • Resultado: El yodo molecular I₂ resultó ser el más ventajoso en comparación con otras formas de yodo. [52]

      Conversión práctica:

      • Con 60 kg de peso corporal: 0,07 × 60 = 4,2 mg/día hasta 0,09 × 60 = 5,4 mg/día
      • Con 70 kg de peso corporal: 0,07 × 70 = 4,9 mg/Día hasta 0,09 × 70 = 6,3 mg/día
      • Rango terapéutico promedio: 4.2 a 6.3 mg/día I₂ molecular [52]

      Más estudios clínicos

      Mansel y otros (2017)
      Un estudio controlado aleatorizado utilizó una formulación nutricional diaria con 750 μg (0,75 mg) Yodo y otros ingredientes. La nodularidad mejoró en el brazo de verum en comparación con el control. [53].

      Informes de revisión y series de casos
      Áreas terapéuticas orales de aproximadamente 3 a 6 mg/día para el dolor de mama fibrocístico se mencionan en varias experiencias clínicas y revisiones [54] [55].

      Consenso
      La evidencia clínica converge en un rango terapéutico de 3 a 6 mg de yodo por día para efectos protectores del tejido mamario, prefiriendo I₂ molecular sobre yoduro.

      Hallazgos experimentales sobre la próstata y otros órganos.

      Tejido de la próstata

      Para la próstata, existe evidencia experimental de líneas celulares y modelos animales:

      Modelos in vitro y animales
      Las líneas de células prostáticas (normal y tumoral) captan tanto I⁻ como I₂. Tanto I₂ como las yodolactonas mostraron efectos antiproliferativos y apoptóticos dependientes de la dosis y el tiempo. En un modelo de xenoinjerto, el yodo inhibió el crecimiento tumoral en ratones. [54].

      Concentraciones específicas del modelo
      Algunos estudios describen respuestas sensibles a concentraciones de I₂ en el rango de μM en cultivo celular [55].

      Limitación
      Faltan en la literatura disponible indicaciones de dosis clínicas fiables para efectos protectores de la próstata en humanos. La evidencia existente es preclínica.

      Extrapolación a otros órganos

      Basándose en la expresión de los transportadores de yodo y los datos experimentales disponibles, se puede asumir que otros tejidos que expresan NIS (ovarios, estómago, glándulas salivales) requieren dosis de yodo similares a las del tejido mamario. Sin embargo, la evidencia clínica se limita al tejido mamario.

      Solución de Lugol: Composición y conversión de dosis

      Composición estándar

      Solución de Lugol (formulación clásica 5%):

      • 5% yodo elemental (I₂)
      • 10% Yoduro de potasio (KI)
      • 85% agua destilada

      Importante: El yoduro de potasio sirve principalmente para mantener el yodo elemental en solución (mediante la formación de triyoduro, I₃⁻), pero además aporta yoduro.

      Contenido de yodo por gota

      Tamaño de gota estándar: 1 gota equivale a aproximadamente 0,05 ml (50 μl)

      Cálculo para la solución de Lugol 5%:

      • 5% I₂ significa 5 g de I₂ por cada 100 ml de solución = 50 mg de I₂ por ml
      • Por gota (0,05 ml): 50 mg/ml × 0,05 ml = 2,5 mg de I₂ elemental
      • 10% KI significa 10 g de KI por cada 100 ml = 100 mg de KI por ml
      • Peso molecular KI = 166 g/mol, de los cuales I = 127 g/mol
      • Contenido de yodo en KI: 127/166 = 76,51 TP3T
      • Por gota, yodo KI: 100 mg/ml × 0,05 ml × 0,765 = 3.825 mg Yoduro de yodo

      Yodo total por gota de Lugol 5%:

      • I₂ Elementales: 2.5 mg
      • Jodid-Jod: 3,825 mg
      • Total: aprox. 6,3 mg de yodo por gota

      Formulaciones alternativas

      2% Solución de Lugol:

      • 2% I₂ + 4% KI
      • Por gota: aprox. 1 mg I₂ + aprox. 1,5 mg yoduro de yodo = aproximadamente 2,5 mg de yodo total

      Nota: Los estudios clínicos utilizaron cantidades en mg definidas, no gotas. Los valores de gotas mencionados aquí se basan en la formulación estándar y son para orientación práctica.

      Recomendaciones de dosificación específicas para órganos

      Tejido mamario (mastopatía fibroquística, prevención)

      Dosificación basada en la evidencia:

      • Área terapéutica: 4 a 6 mg moleculares de I₂ por día [52]
      • Área preventiva: 1 a 3 mg de yodo total por día (basado en datos epidemiológicos japoneses) [49] [50]

      Conversión de gotas de Lugol (solución 5%):

      • Para 4 a 6 mg de I₂: 1,6 a 2,4 gotas (da 2,5 mg de I₂ por gota)
      • Práctico 2 gotas de Lugol 5% al día administrar 5 mg de I₂ (rango terapéutico)
      • Para dosis preventivas (1 a 3 mg de yodo total): De 0,5 a 1 gota de Lugol 5% o De 1 a 2 gotas de Lugol 2%

      Importante: El estudio de Gante utilizó I₂ molecular puro, no Lugol. El Lugol contiene yoduro además, cuya contribución al efecto del tejido mamario es menor.

      próstata

      Base empírica: Solo datos preclínicos disponibles [54] [55].

      Dosis extrapolada Basado en la analogía con el tejido mamario y la expresión del NIS:

      • Estimado: 3 a 6 mg de yodo total por día
      • Equivalente de Lugol: de 1 a 2 gotas de 5% Lugol al día

      Reserva Esta recomendación es una extrapolación; faltan estudios clínicos controlados.

      Glándula tiroides

      Necesidad fisiológica 150 a 200 μg/Día (Cantidades Dietéticas Recomendadas)

      Importante: Las dosis más altas discutidas aquí (rango de mg) se dirigen a tejidos extratiroideos. La tiroides requiere significativamente menos yodo para su función, pero puede reaccionar ante dosis crónicamente altas con autoinmunidad o disfunción (ver aspectos de seguridad).

      Otros órganos (ovarios, estómago, glándulas salivales)

      Base empírica: No hay estudios clínicos de dosificación específicos disponibles.

      Suposición: Los órganos con expresión de NIS probablemente se beneficien de dosis similares a las del tejido mamario.

      Recomendación conservadora: 1 a 3 mg de yodo total por día (área preventiva).

      Aspectos de seguridad y limitaciones

      Nivel máximo de ingesta tolerable

      El límite superior tolerable establecido es de 1,1 mg (1.100 μg) de yodo al día para adultos. Las dosis terapéuticas discutidas aquí (3 a 6 mg/día) superan significativamente este límite.

      Riesgos de sobredosis

      Hipotiroidismo subclínico
      Las revisiones indican que el riesgo de tiroiditis subclínica es significativamente mayor a partir de aproximadamente. 3 mg/día aumenta, especialmente en poblaciones no adaptadas y sensibles al yodo [55].

      Hipertiroidismo inducido por drogas
      En personas con nódulos tiroideos autónomos, una ingesta alta y repentina de yodo puede desencadenar hipertiroidismo.

      Tiroiditis autoinmune
      Dosis altas y crónicas de yodo pueden desencadenar procesos autoinmunes en personas predispuestas.

      Adaptación y variabilidad individual

      Adaptación japonesa
      Las poblaciones japonesas están adaptadas a una alta ingesta de yodo; las poblaciones occidentales posiblemente no lo estén. Por lo tanto, la transferibilidad de los datos japoneses a los europeos es limitada.

      Función tiroidea individual
      Antes de iniciar una yodoterapia a dosis altas, se deben determinar el TSH, el fT3, el fT4 y los anticuerpos tiroideos (TPO-AK, Tg-AK).

      Limitaciones de la evidencia

      Datos faltantes

      • No hay datos fiables disponibles sobre la prueba de carga de yodo según Brownstein/Abraham en las fuentes disponibles.
      • No hay estudios clínicos de dosificación directa para próstata, ovarios u otros órganos distintos de la mama.
      • No hay concentraciones antivirales cuantificadas en este contexto
      • Ninguna dosis de saturación de cuerpo entero validada

      Calidad de la evidencia: La mayoría de los estudios clínicos sobre tejido mamario son pequeños y datan de la década de 1990. [116]. Faltan en gran medida estudios modernos, amplios y aleatorizados controlados [116], [111].

      discusión

      Interpretación de los datos japoneses

      Los datos epidemiológicos de Japón proporcionan una pista importante sobre la seguridad y la eficacia potencial de las dosis de yodo en el rango de 1 a 3 mg/día. [111], [112], [113]. Sin embargo, las tasas de cáncer de mama significativamente más bajas en Japón son multifactoriales y no se pueden atribuir únicamente al yodo. No obstante, la correlación entre una alta ingesta de yodo y un bajo riesgo de cáncer de mama es biológicamente plausible, respaldada por:

      1. La presencia de NIS y otros transportadores de yodo en el tejido mamario [107], [110]
      2. Los efectos antiproliferativos y proapoptóticos del I₂ molecular in vitro
      3. Los éxitos clínicos en la mastopatía fibroquística

      Yodo molecular I₂ frente a yoduro: Implicaciones clínicas

      La eficacia superior del I₂ molecular frente al yoduro en tejidos extratiroideos está bien documentada. [56] [57] [58] [59]. La solución de Lugol contiene ambas formas, donde el I₂ elemental es probablemente responsable de los efectos protectores. El uso de I₂ molecular puro (como en los estudios de Gante) sería teóricamente óptimo, pero es difícil de conseguir en la práctica. La solución de Lugol representa un compromiso pragmático.

      Determinación de dosis: Terapéutico versus preventivo

      Dosificación preventiva (1 a 3 mg/día):

      • Basado en datos nutricionales japoneses
      • Probablemente seguro en la mayoría de las personas sin enfermedades tiroideas
      • Puede tomarse a largo plazo
      • Equivalente de Lugol: de 0,5 a 1 gota de 5% Lugol al día

      Dosis terapéutica (4 a 6 mg/día):

      • Basado en estudios clínicos sobre mastopatía fibroquística
      • Supera claramente el límite tolerable
      • Requiere supervisión médica (función tiroidea)
      • Se recomienda su uso limitado en el tiempo (por ejemplo, de 3 a 6 meses)
      • Equivalente de Lugol: de 1,5 a 2 gotas de 5% Lugol al día

      Preguntas sin resolver

      • Dosis óptima para diferentes órganos: Solo existen datos clínicos para tejido mamario.
      • Seguridad a largo plazo: Faltan estudios sobre dosis altas de yodo a lo largo de los años.
      • Predisposición genética: ¿Qué personas se benefician más y cuáles están en riesgo?
      • Biomarcador ¿Cómo se puede determinar objetivamente la necesidad individual de yodo?
      • Combinación con otros nutrientes: El selenio, la vitamina C y otros cofactores podrían ser importantes.

      Conclusiones

      La evidencia científica apoya la hipótesis de que las dosis de yodo en el rango de 1 a 6 mg al día pueden mediar efectos protectores en tejidos extratiroideos, especialmente en tejido mamario. Estas dosis son significativamente más altas que los valores de ingesta diaria recomendada (RDI) convencionales (150 μg/día), pero corresponden a las cantidades de ingesta en poblaciones japonesas con bajas tasas de cáncer de mama.

      Puntos clave:

      • Dieta japonesa: 1 a 3 mg de yodo/día a partir de algas marinas, asociado con bajas tasas de cáncer de mama [49] [50] [51]
      • Estudios clínicos de tejido mamario: 0,07 a 0,09 mg/kg (4 a 6 mg/día para 60 a 70 kg) de I₂ molecular son eficaces en la mastopatía fibrosa quística. [52]
      • Solución de Lugol 5%: aprox. 6,3 mg de yodo total por gota (2,5 mg como I₂, 3,8 mg como yoduro)
      • Dosis preventiva: De 0,5 a 1 gota de Lugol 5% al día (de 1 a 3 mg de yodo total)
      • Dosis terapéutica: De 1,5 a 2 gotas de Lugol 5% al día (de 4 a 6 mg de equivalente de I₂)
      • El I₂ molecular es superior al yoduro para efectos extratiroideos [56] [57] [58] [59]
      • Seguridad Las dosis superiores a 3 mg/día requieren monitorización tiroidea; aumenta el riesgo de hipotiroidismo subclínico [55]
      • Lagunas de evidencia: No hay datos clínicos para próstata, ovarios u otros órganos; faltan estudios a largo plazo

      Para personas sin enfermedades tiroideas que buscan efectos protectores del yodo, una dosis diaria de 1 a 3 mg de yodo (equivalente a entre 0,5 y 1 gota de solución de Lugol 5%) como científicamente justificable y probablemente segura. Las dosis terapéuticas más elevadas (de 4 a 6 mg/día) solo deben tomarse bajo supervisión médica y con un control periódico de la función tiroidea. La preferencia por el I₂ molecular frente al yoduro puro está respaldada por la evidencia; la solución de Lugol ofrece ambas formas en una formulación práctica.

      El análisis presente demuestra que los valores convencionales de IDR se centran principalmente en la prevención de enfermedades tiroideas relacionadas con la deficiencia de yodo y pueden no cubrir completamente las necesidades de los tejidos extratiroideos. Los datos epidemiológicos japoneses y los estudios clínicos sobre tejido mamario sugieren que dosis más altas de yodo podrían ser necesarias para una función óptima del tejido y la prevención del cáncer, sin embargo, teniendo en cuenta los factores de riesgo individuales y con una supervisión médica adecuada.

      Interacciones de la solución de Lugol con suplementos alimenticios y alimentos

      Esta revisión sistematiza la evidencia disponible sobre las interacciones entre yodo/yoduro y suplementos dietéticos, así como alimentos, identifica interacciones bien documentadas y señala las lagunas de evidencia para la práctica clínica.

      Fundamentos bioquímicos de la utilización del yodo

      La glándula tiroides capta yoduro activamente a través del cotransportador de sodio-yoduro (NIS). Intracelularmente, el yoduro es oxidado por la enzima tiroidoperoxidasa (TPO) utilizando peróxido de hidrógeno (H₂O₂) y unido a residuos de tirosina de la tiroglobulina. Este proceso, la yodación, conduce a la formación de monoiodotirosina (MIT) y diiodotirosina (DIT), que posteriormente se acoplan a T3 y T4. La liberación de hormonas tiroideas activas de la tiroglobulina y su activación periférica por desyodación requieren sistemas enzimáticos adicionales, en particular desyodinasas dependientes de selenio.

      La producción de H₂O₂ durante la síntesis de hormonas representa una fuente potencial de estrés oxidativo para el tejido tiroideo. Las selenoproteínas, en particular las glutatión peroxidasas, protegen la tiroides de este daño oxidativo. El hierro es esencial para la actividad catalítica de la tiroperoxidasa como componente del grupo hemo. El zinc influye en la función tiroidea en múltiples niveles, entre otras cosas, a través de efectos sobre los receptores hormonales y el eje hipotálamo-hipofisario-tiroideo.

      Estas relaciones bioquímicas forman la base de las interacciones entre el yodo y otros micronutrientes que se describen a continuación.

      Vías de señalización de JOD y mecanismos moleculares de acción

      El efecto del yodo en la tiroides y los tejidos extratiroideos se basa en una red precisamente regulada de vías de señalización molecular. El cotransportador sodio-yoduro (NIS) media la captación activa de yoduro en los tirocitos y otros tejidos. [71] [72]. La tiroidoperoxidasa (TPO) cataliza, consumiendo peróxido de hidrógeno (H₂O₂), la yodación de la tiroglobulina y el acoplamiento a T3 y T4. [74]. El H₂O₂ es proporcionado por las enzimas DUOX (Dual Oxidase) [75] [82]. Las selenoproteínas, en particular las glutatión peroxidasas (GPx) y las tiorredoxina reductasas, protegen el tejido tiroideo del estrés oxidativo. [76] [77]. Las yodotironina deiodinasas (DIO1, DIO2, DIO3) controlan la activación y inactivación periférica de las hormonas tiroideas [74] [76]. El efecto Wolff-Chaikoff describe la inhibición aguda de la síntesis hormonal con la exposición excesiva al yodo. [78] [79]. Inhibidores externos como el tiocianato (competidor de NIS) y las isoflavonas de soja (inhibidor de TPO) pueden alterar estas cascadas de señalización. [80] [81].

      Introducción

      Las bases bioquímicas descritas en el documento sobre las interacciones de la solución de Lugol apuntan a varias vías de señalización molecular que son fundamentales para comprender la fisiología del yodo y los efectos clínicos de la solución de Lugol. Estas vías de señalización no deben considerarse de forma aislada, sino que forman una cascada integrada: desde el transporte del yoduro a la célula, pasando por la síntesis enzimática de hormonas, hasta la activación y desactivación periférica de las hormonas tiroideas. Las disrupciones en cualquier punto de esta cascada, ya sea por deficiencias nutricionales, componentes de la dieta o sustancias farmacológicas, pueden influir en el efecto general del yodo en el organismo. [71] [72] [74].

      NIS – Cotransportador de sodio-yoduro

      Estructura molecular y mecanismo de transporte

      El cotransportador de yoduro de sodio (NIS, codificado por el gen SLC5A5) es una glucoproteína integral de membrana que se localiza en la membrana basolateral de los tirocitos. El NIS media el primer paso y limitante de la velocidad de la síntesis de hormona tiroidea: la captación activa de yoduro de la sangre a la célula tiroidea. [71] [72].

      El mecanismo de transporte es un transporte activo secundario: el NIS acopla la entrada de yoduro (I⁻) al gradiente electroquímico de sodio, que es mantenido por la Na⁺/K⁺-ATPasa basolateral. [72] [83]. Durante el ciclo de transporte, dos iones de sodio se transportan junto con un ion yoduro hacia la célula. [71] [83]. Este mecanismo permite una concentración de yoduro en la tiroides de 20 a 40 veces superior a la concentración plasmática, y bajo estimulación de TSH, incluso de 200 a 400 veces superior. [71] [72].

      Regulación por TSH y yoduro intracelular

      La expresión y actividad de NIS se regula principalmente por la hormona estimulante de la tiroides (TSH). La TSH se une a su receptor acoplado a proteína G (TSHR) y activa la vía de señalización cAMP-PKA a través de la adenilato ciclasa, lo que aumenta la transcripción de NIS y la incorporación de NIS en la membrana plasmática. [83] [84]. Los estudios experimentales de Ferreira et al. demostraron que la TSH aumenta rápidamente la actividad del NIS cuando la organificación yodada tiroidea es baja. [73].

      Por el contrario, un alto contenido de yoduro intracelular suprime la estimulación de NIS mediada por TSH y conduce a la internalización de NIS desde la membrana plasmática. [71] [84]. Este mecanismo autorregulatorio forma la base molecular del efecto de Wolff-Chaikoff y el escape de este efecto (ver más abajo) [71] [73].

      Expresión de NIS extratiroidea

      NIS no se limita a la tiroides. Se ha demostrado la expresión funcional de NIS en [71] [72]:

      • Glándula mamaria lactante
        La secreción de yoduro mediada por NIS en la leche materna proporciona yodo al bebé.
      • Glándulas salivales
        Secreción de judíos en la saliva
      • Mucosa gástrica
        Secreción de jugos gástricos
      • Plexo coroideo
        Transport de mierda en el cerebro

      Esta expresión extratiroidea explica por qué el yodo se acumula en estos tejidos y puede ejercer funciones fisiológicas y potencialmente protectoras. [71] [72].

      TPO – Tiroperoxidasa y la yodación

      Estructura enzimática y mecanismo catalítico

      La tiroperoxidasa (TPO) es una enzima peroxídica que contiene hemo y que se localiza en la membrana apical de los tirocitos, sobresaliendo en el lumen coloide del folículo tiroideo. La TPO cataliza dos pasos de reacción esenciales en la síntesis de hormonas tiroideas. [74]:

      Paso 1: Yodación (Organificación)

      La TPO oxida el yoduro (I⁻) utilizando H₂O₂ a una especie de yodo electrofílica (ion yodonilo I⁺ o radical yodo), que se une a los residuos de tirosina de la tiroglobulina. [74]. Al hacerlo surgen:

      • Monoyodotyrosina (MIT): un átomo de yodo en la posición 3 del anillo de tirosina
      • Dijodtirosina (DIT): tiene un átomo de yodo en las posiciones 3 y 5

      Paso 2: Reacción de acoplamiento

      La TPO cataliza el acoplamiento fenólico intramolecular de residuos de yodotironina en la molécula de tiroglobulina. [74]:

      • DIT + DIT: Tiroxina (T4, 3,5,3′,5′-tetrayodotironina)
      • MIT + DIT: Trijodotironina (T3, 3,5,3′-Trijodotironina)

      La actividad catalítica de la TPO depende absolutamente de la disponibilidad de H₂O₂ como agente oxidante. Sin suficiente H₂O₂, la síntesis hormonal se detiene. [74] [75].

      Significado del hierro hemo

      El hemo de hierro en el centro activo de la TPO es esencial para la catálisis [74]. La deficiencia de hierro reduce directamente la actividad de la TPO, ya que se puede sintetizar menos enzima funcional [85]. Esto explica la relevancia clínica del estado del hierro para la eficacia de las intervenciones con yodo descrita en el documento de interacción. [85].

      Generación de H₂O₂ – Enzimas DUOX y el sistema de NADPH oxidasa

      DUOX1 y DUOX2 – Los generadores de H₂O₂ tiroideos

      El peróxido de hidrógeno (H₂O₂), necesario para la catálisis de TPO, se genera en la membrana apical de los tirocitos por las enzimas dual oxidasa DUOX1 y DUOX2. DUOX2 es la enzima principalmente relevante para la síntesis de hormonas tiroideas y se expresa junto con su factor de maduración DUOXA2. [75] [82].

      Mecanismo de producción de H₂O₂:

      DUOX-Enzimas son miembros de la familia de las NADPH oxidasas (familia NOX). [75] [82]. Transfieren Elektronen von NADPH auf molekularen Sauerstoff y generan H₂O₂ en la superficie de la membrana apical:

      NADPH + O₂ –> NADP⁺ + H⁺ + H₂O₂

      La producción de H₂O₂ es estimulada por la TSH y regulada por las concentraciones intracelulares de calcio. [75]. El control preciso de la cantidad de H₂O₂ es fundamental: muy poco H₂O₂ inhibe la síntesis de hormonas, demasiado H₂O₂ causa daño oxidativo al tejido tiroideo. [75] [76].

      Relevancia clínica de las mutaciones de DUOX

      Las mutaciones inactivadoras en DUOX2 o DUOXA2 conducen a dishormonogénesis con hipotiroidismo congénito [75] [82]. Estos hallazgos genéticos demuestran el papel central del sistema DUOX en la síntesis de hormonas tiroideas. [82].

      Selenoproteínas – Protección contra el estrés oxidativo

      Glutatión peroxidasa (GPx) en la tiroides

      Las altas concentraciones de H₂O₂ que se forman durante la síntesis de hormonas representan un peligro potencial para el tejido tiroideo. Las glutatión peroxidasas (GPx) que contienen selenio protegen a los tirocitos de este estrés oxidativo. [76] [77] [86]:

      • GPx1 (GPx citosólica)
        Expresado de forma ubicua, reduce el H₂O₂ y los hidroperóxidos orgánicos mediante la oxidación del glutatión (GSH a GSSG) [76]
      • GPx3 (GPx extracelular/plasmática)
        Activo en el plasma y en secreciones, protege los compartimentos extracelulares [76]
      • GPx4 (Glutatión-peroxidasa de fosfolípidos hidroperóxido)
        Reduce los hidroperóxidos lipídicos en las membranas, protege contra la peroxidación lipídica [76]

      La actividad tiroidea de GPx depende directamente del estado del selenio. En caso de deficiencia de selenio, la actividad de GPx disminuye y el tejido tiroideo se vuelve más susceptible al daño oxidativo inducido por H₂O₂. [77] [86].

      Tioredoxina reductasas (TrxR)

      Las tioredoxinas reductasas (TrxR1, TrxR2) son otras enzimas que contienen selenio y que mantienen el sistema de tioredoxina, contribuyendo a la regeneración de proteínas oxidadas y a la reducción de peróxidos. Actúan en sinergia con las enzimas GPx en el sistema de protección antioxidante de la glándula tiroides. [76] [77].

      Interacción Selenio-Yodo-Estrés Oxidativo

      La estrecha relación entre el selenio y el yodo en el sistema de protección oxidativa explica la observación clínica de que la deficiencia de selenio con una alta ingesta de yodo puede provocar daños tiroideos aumentados: sin suficientes enzimas protectoras que contengan selenio, el H₂O₂ se acumula y causa daño oxidativo. [86] [87]. Por el contrario, la suplementación con selenio en caso de deficiencia de yodo puede potenciar la desyodación de T4 y precipitar el hipotiroidismo, ya que las desyodinasas, como enzimas que contienen selenio, aceleran la conversión de T4 a T3, mientras que la glándula tiroides no puede mantener una reserva hormonal suficiente debido a la deficiencia de yodo. [87] [76].

      Desyodinases de tiroidina: conversión de T4 a T3

      DIO1, DIO2, DIO3 – Tres enzimas con roles diferentes

      Las diyodinasas de yodotironina (DIO1, DIO2, DIO3) son enzimas que contienen selenio y que regulan la actividad de las hormonas tiroideas mediante la eliminación de átomos de yodo de ellas. [74] [76]:

      DIO1 (Dejodasa tipo I):

      • Localización: Hígado, riñón, tiroides, hipófisis [74] [76]
      • Función: Deiodinación del anillo externo (T4 -> T3) y deiodinación del anillo interno (T4 -> rT3, T3 -> T2) [74]
      • Significado: Fuente principal de T3 circulante a partir de la conversión de T4 en la periferia [76]
      • Inhibición: Reducida por el propiltiouracilo (PTU) y por deficiencia de selenio [88]

      DIO2 (Deiodinasa tipo II):

      • Localización: Cerebro, hipófisis, tejido adiposo pardo, corazón, músculo esquelético [74] [76]
      • Función: Desyodación exclusiva del anillo exterior (T4 -> T3) [74]
      • Significado: Proporciona T3 local para la función tisular; especialmente importante para la función cerebral y hipofisaria [76]
      • Regulación: Se regula al alza (compensatoriamente) en caso de niveles bajos de T4 [76]

      DIO3 (Deiodinasa tipo III):

      • Localización: Placenta, feto, cerebro, piel [74] [76]
      • Función: Desyodación de anillo interno (T4 -> rT3, T3 -> T2); inactiva las hormonas tiroideas. [74]
      • Significado: Protege al feto del exceso de T3 materno; regula la disponibilidad local de T3 [76]

      Significado clínico de la cascada de desyodasa

      La interacción de las tres dejodinas determina la relación de T3 activo con rT3 inactivo (T3 inverso) en los tejidos. [76]. En caso de deficiencia de selenio, la actividad de la deiodinasa se reduce, lo que provoca un cambio en la relación T4/T3 y una menor disponibilidad local de T3. [77] [87]. Esto explica por qué el estado del selenio y la ingesta de yodo deben considerarse juntos [74] [76].

      Efecto Wolff-Chaikoff: autorregulación en exceso de yodo

      Mecanismo de inhibición aguda

      El efecto Wolff-Chaikoff describe la inhibición aguda de la organificación yodada tiroidea (es decir, la yodinación de tiroglobulina catalizada por TPO) en caso de exposición excesiva a yoduro. [78] [79].

      Mecanismo molecular:

      Con alta concentración intracelular de yoduro, la producción de H₂O₂ por DUOX se inhibe. Sin suficiente H₂O₂, TPO no puede catalizar la yodación y la síntesis hormonal se detiene. [79]. Corvilain et al. demostraron en cortes de tiroides que la inhibición de la generación de H₂O₂ inducida por yoduro es la causa principal del efecto Wolff-Chaikoff. [79].

      Además, los lípidos yodados (yodolactonas, yodaldehídos) pueden actuar como moléculas de señalización intracelular e inhibir aún más la síntesis hormonal. [78].

      Escapar del efecto Wolff-Chaikoff.

      Después de unos días o semanas, la glándula tiroides normal „escapa“ del efecto Wolff-Chaikoff mediante la regulación a la baja del NIS. [89]. Menos NIS significa menor captación de yoduro, disminución de la concentración intracelular de yoduro y restauración de la producción de H₂O₂ y organificación. [71] [78] [89].

      Importancia clínica:

      • Los pacientes con enfermedades tiroideas preexistentes (tiroiditis de Hashimoto, hipotiroidismo latente) no pueden escapar del efecto de Wolff-Chaikoff y desarrollan hipotiroidismo inducido por yodo. [78]
      • Este mecanismo explica por qué dosis altas de yodo (como en la solución de Lugol) pueden desencadenar hipotiroidismo en personas sensibles [78]
      • Terapéuticamente se utiliza el efecto Wolff-Chaikoff: la solución de Lugol se administra preoperatoriamente en el hipertiroidismo para „bloquear“ la glándula tiroides.“ [90] [91]

      Tiocianato – Inhibición competitiva del NIS

      Mecanismo de inhibición de la NIS

      El tiocianato (SCN⁻, también llamado rodanuro) es un análogo estructural del yoduro e inhibe el NIS de forma competitiva. Dado que el tiocianato tiene la misma carga negativa y un tamaño iónico similar al del yoduro, es reconocido como sustrato por el NIS y compite con el yoduro por el sitio de unión. [80].

      Consecuencias de la exposición al tiocianato:

      • Disminución de la captación de yoduro en la glándula tiroides [80]
      • Reducción del pool de yoduro intracelular
      • Síntesis hormonal alterada con una ingesta marginal de yodo
      • Regulación al alza compensatoria de NIS en algunos modelos animales [80]

      Fuentes de alimento y fuentes de exposición

      El tiocianato se forma durante el metabolismo de las glucosinolatos, que se encuentran en las plantas crucíferas. [80] [92]. Fuentes principales de alimento [80] [92]:

      • Col (col blanca, col morada, col rizada)
      • Brócoli y coliflor
      • Coles de Bruselas
      • Rúcula y wasabi
      • Mostaza y rábano picante

      Otra fuente importante de tiocianato: el humo del cigarrillo contiene altas concentraciones de tiocianato; los fumadores muestran niveles significativamente elevados de tiocianato en plasma, como lo demuestran las mediciones de Felker et al. [92]. Cocinar reduce significativamente el contenido de glucosinolatos [80] [92].

      Importancia clínica: Con una ingesta suficiente de yodo, el consumo moderado de crucíferas no supone un problema. Con una ingesta marginal de yodo (como en gran parte de Europa), un alto consumo de tiocianato puede debilitar el efecto del yodo. [80] [92].

      Soja-Isoflavone – Inhibición de la tiroperoxidasa

      Mecanismo de inhibición de la TPO

      Las isoflavonas de soja, en particular la genisteína y la daidzeína, pueden inhibir la tiroperoxidasa. El mecanismo se basa en la similitud estructural de las isoflavonas con el sustrato de la TPO: compiten por el centro activo de la TPO e inhiben la yodación de la tiroglobulina. [81].

      Los estudios in vitro muestran que la genisteína inhibe la actividad de la TPO de manera dependiente de la concentración, incluida la inactivación suicida de la enzima. [93] [94]. La relevancia clínica de esta inhibición depende del suministro de yodo:

      • Con una ingesta suficiente de yodo
        Compensación posible mediante aumento de la estimulación de TSH; generalmente no relevante clínicamente [94]
      • Con una ingesta marginal de yodo
        Efecto inhibidor aditivo posible con tiocianato; mayor riesgo de hipotiroidismo [94]
      • En personas con enfermedades tiroideas preexistentes
        Sensibilidad elevada [81]

      Clasificación clínica

      Las indicaciones cuantitativas de dosis clínica para una inhibición relevante de la TPO por isoflavonas dietéticas en humanos son limitadas en la literatura disponible. Las revisiones sobre compuestos naturales y la función tiroidea describen datos in vitro y en animales, pero enfatizan que, con una ingesta de yodo normal y un consumo moderado de soja, no se espera hipotiroidismo clínicamente relevante. [81] [94].

      Cascada de señalización global – Resumen

      Las vías de señalización descritas forman una cascada integrada que interactúa en la siguiente secuencia [71] [74] [75] [76]:

      Grabación
      La TSH estimula el NIS en la membrana basolateral [83] [84]. El NIS transporta activamente el Y⁻ a los tirocitos (2 Na⁺ : 1 Y⁻) [71] [83]. El tiocianato inhibe este paso de forma competitiva. [80].

      Suministro de H₂O₂
      DUOX2/DUOXA2 genera H₂O₂ en la membrana apical [75] [82]. GPx y TrxR (dependientes de selenio) mantienen el H₂O₂ en concentraciones no tóxicas [76] [77].

      Organificación
      TPO (dependiente de hem-hierro) oxida I⁻ con H₂O₂ a yodo electrofílico [74]. La iodación de los residuos de tirosina de la tiroglobulina produce MIT y DIT. Las isoflavonas de soja inhiben la TPO. [93] [94].

      Acoplamiento
      TPO cataliza el acoplamiento: DIT + DIT produce T4, MIT + DIT produce T3 [74]. Las T3/T4 permanecen unidas a la tiroglobulina en el coloide.

      liberar
      La tiroglobulina es escindida por proteasas lisosomales. La T4 y T3 libres se secretan en el torrente sanguíneo (la T4 predomina aproximadamente 20:1). [74].

      Activación periférica
      DIO1 y DIO2 (dependientes de selenio) convierten T4 en T3 activo en el hígado, cerebro, hipófisis y otros tejidos [74] [76].

      Inactivación
      La DIO3 inactiva T4 a rT3 y T3 a T2. Regula la disponibilidad local de T3. [74] [76].

      Autorregulación
      Una alta concentración intracelular de yoduro inhibe DUOX (menos H₂O₂) y regula a la baja NIS (efecto de Wolff-Chaikoff). [79] [89]. La adaptación mediante la desregulación de NIS permite escapar [89].

      Implicaciones clínicas para la ingesta de solución de Lugol

      La comprensión de estas vías de señalización tiene consecuencias prácticas directas para la aplicación de la solución de Lugol. [71] [74] [78]:

      Selen como requisito para una terapia segura de yodo
      Sin suficientes enzimas protectoras que contienen selenio (GPx, TrxR), el yodo en dosis altas puede causar daño oxidativo al tejido de la glándula tiroides [86] [87]. La optimización del selenio antes o junto con la terapia de yodo está justificada bioquímicamente. [76] [77].

      Estado del hierro y actividad de la TPO
      La deficiencia de hierro reduce la actividad de la TPO y puede afectar la eficacia de la solución de Lugol. [85]. El estado del hierro debe ser evaluado antes de la terapia de yodo en dosis altas.

      Wolff-Chaikoff en caso de enfermedades tiroideas preexistentes
      Las personas con tiroiditis de Hashimoto, hipotiroidismo latente o deficiencia de yodo pueden desarrollar hipotiroidismo persistente inducido por yodo al tomar la solución de Lugol, ya que el mecanismo de escape está alterado. [78] [89].

      Tiocianato e isoflavonas
      El alto consumo simultáneo de crucíferas (tiocianato) y soja (isoflavonas) puede inhibir la actividad NIS y la actividad TPO, y atenuar el efecto de la solución de Lugol. [80] [92] [93] [94]. La cocción reduce significativamente estos inhibidores [92].

      Función de dejodinasa y niveles de T3
      En caso de deficiencia de selenio, la conversión de T4 a T3 por DIO1 y DIO2 se reduce [87] [88]. La solución de Lugol aumenta la biodisponibilidad total de yodo, pero la actividad biológica depende de la función de la desyodinasa [76] [77].

      Interacciones con oligoelementos

      selenio

      El selenio y el yodo interactúan estrechamente en la bioquímica tiroidea. El selenio es necesario para la actividad de las yodotironina deiodinasas, que catalizan la conversión de T4 en la T3 biológicamente más activa. [95], [96]. Además, las selenoenzimas son esenciales para proteger el tejido tiroideo del H₂O₂ que se produce durante la síntesis de hormonas. [95], [96]. Estas selenoproteínas modulan los efectos del yoduro y las especies de yodo reactivas en el tejido. [63].

      El estado del selenio puede modular la respuesta de la glándula tiroides a la exposición al yodo y posiblemente mitigar el daño oxidativo tisular inducido por el yodo. [63], [64]. En regiones o en pacientes con deficiencia severa combinada de yodo y selenio, el orden de sustitución es clínicamente importante: la normalización de la ingesta de yodo debe lograrse antes de iniciar la suplementación con selenio para evitar la aparición de hipotiroidismo. [64], [97]. Esta recomendación se basa en la observación de que la suplementación con selenio en casos de deficiencia grave de yodo preexistente puede aumentar la desyodinación de T4 a T3 y, por lo tanto, reducir aún más los niveles ya bajos de T4. [97].

      El selenio también puede influir en la distribución tisular de otros oligoelementos como el zinc y el hierro, lo que puede afectar indirectamente a los procesos relacionados con la tiroides. [65].

      hierro

      La deficiencia de hierro reduce la actividad de la tiroperoxidasa dependiente de hemo y, por lo tanto, afecta la síntesis de hormonas tiroideas. La suplementación con hierro ha demostrado mejorar la eficacia de las intervenciones con yodo en este contexto. [64], [98], [99]. La anemia por deficiencia de hierro puede atenuar la respuesta a los programas de sustitución de yodo, por lo que la corrección de una deficiencia de hierro puede mejorar los resultados de las intervenciones de sustitución de yodo. [64], [99].

      La implicación clínica es que en pacientes con deficiencia combinada de hierro y yodo, la suplementación exclusiva de yodo puede no ser suficiente para normalizar completamente la función tiroidea. En tales casos, se debe considerar la suplementación de hierro simultánea o secuencial.

      Zinc

      La deficiencia de zinc altera las concentraciones de hormonas tiroideas y la histología tiroidea en modelos animales [100], [101]. Los estudios de observación en humanos muestran correlaciones entre el estado del zinc y las concentraciones de hormonas tiroideas. [102], aunque la evidencia de estudios controlados aleatorizados no es concluyente [66], [67].

      Los estudios en animales muestran anomalías tiroideas distintas y parcialmente exacerbadas cuando hay deficiencias simultáneas de yodo, selenio y zinc, lo que sugiere interacciones a nivel de la síntesis hormonal y la arquitectura glandular. [66]. Una revisión sistemática de estudios en humanos muestra asociaciones positivas entre el yodo, el selenio, el zinc y el hierro con el estado de la tiroides en estudios observacionales, sin embargo, los estudios aleatorizados no confirman efectos causales robustos de la suplementación en diversas poblaciones. [68].

      Calcio y magnesio

      Una cohorte de embarazo encontró una asociación positiva entre la concentración de calcio y las hormonas tiroideas libres. [69]. Sin embargo, la evidencia directa de absorción competitiva o de la separación temporal requerida de la ingesta de yodo carece en las fuentes disponibles. Para el magnesio, no hay datos específicos sobre interacciones con la solución de Lugol.

      Interacciones con medicamentos y otros suplementos

      Antiácidos y aglutinantes minerales

      Las fuentes disponibles no proporcionan evidencia directa de que los antiácidos o los suplementos minerales de venta libre alteren la absorción o el efecto del yodo inorgánico oral (solución de Lugol) en humanos. Por lo tanto, las recomendaciones específicas sobre los intervalos de administración no están respaldadas por la evidencia disponible.

      Levotiroxina

      Los estudios y revisiones proporcionados discuten los efectos de los micronutrientes en la fisiología de la tiroides, pero no brindan datos directos sobre interacciones o tiempos de administración entre el yodo/solución de Lugol y la dosificación de levotiroxina. No se encuentran recomendaciones de tiempo específicas para la administración concurrente con levotiroxina en estas fuentes. Sin embargo, se sabe que los suplementos de calcio [103], preparados de hierro [104] y los inhibidores de la bomba de protones [105] pueden reducir la absorción de comprimidos de levotiroxina; no existen datos análogos para el yoduro/solución de Lugol.

      vitamina c

      No hay evidencia directa en la literatura disponible que documente interacciones redox significativas entre la vitamina C oral y los suplementos de yodo que afecten la absorción clínica de yodo o sus efectos tiroideos. Por lo tanto, las recomendaciones de tiempos específicos no están basadas en evidencia.

      Interacciones con alimentos

      Lácteos y alimentos de origen animal

      Las concentraciones de yodo en alimentos como la leche, el queso y los huevos varían geográficamente y pueden ser determinantes importantes de la ingesta de yodo en las poblaciones. El consumo habitual de productos lácteos cambia, por lo tanto, la exposición basal al yodo. [70]. En muchos países occidentales, los productos lácteos son fuentes importantes de yodo debido al uso de desinfectantes que contienen yodo en la industria lechera y aditivos alimentarios que contienen yodo.

      La variabilidad del contenido de yodo en los alimentos dificulta la estimación precisa de la ingesta total de yodo en personas que toman la solución de Lugol. La recopilación de hábitos alimentarios, en particular del consumo de productos lácteos, pescado y sal yodada, es relevante para la evaluación de la exposición total al yodo.

      Goitrógenos y soja

      Las sustancias bociogénicas en los alimentos pueden afectar la captación de yodo por la glándula tiroides o la síntesis de hormonas. El tiocianato, que se produce a partir de ciertos alimentos de origen vegetal (especialmente crucíferas como col, brócoli y coles de Bruselas), compite con el yoduro por el simportador sodio-yoduro. Las isoflavonas de la soja también pueden influir en la función tiroidea. [65].

      Estos componentes dietéticos se identifican como factores que pueden modificar el efecto del estado del yodo en la tiroides. [65]. En personas con ingesta marginal de yodo o en el uso terapéutico de la solución de Lugol, se debe tener en cuenta el alto consumo de alimentos bociógenos, ya que podría disminuir la eficacia de la sustitución de yodo.

      Componentes alimenticios redoxactivos

      El yodo puede actuar tanto como antioxidante como oxidante en los sistemas biológicos. Las selenoproteínas están implicadas en la desintoxicación del H₂O₂ utilizado en la síntesis de hormonas tiroideas, influyendo así en los efectos oxidativos del yodo en el tejido glandular. [63]. Sin embargo, la interacción entre el yodo y otros componentes alimentarios redox-activos (por ejemplo, polifenoles, vitamina E) no se ha investigado sistemáticamente.

      Hora de la comida

      La literatura disponible no proporciona estudios ni datos farmacocinéticos que establezcan un momento óptimo del día (mañana, mediodía, noche) o un estado de ayuno para tomar yodo o solución de Lugol con el fin de maximizar la absorción o minimizar las interacciones. La evidencia es insuficiente para dar recomendaciones específicas sobre el espaciado con las comidas.

      discusión

      Interacciones bien documentadas

      El presente resumen identifica tres oligoelementos con interacciones fisiológicas bien documentadas con el yodo: selenio, hierro y zinc. Estas interacciones son plausiblemente mecánicas y están respaldadas por datos experimentales y clínicos.

      La interacción selenio-yodo está especialmente bien caracterizada. La dependencia de las desyodinasas del selenio y el papel de las selenoproteínas en la protección contra el estrés oxidativo inducido por yodo están establecidos bioquímicamente. [95]. La recomendación clínica de sustituir yodo antes que selenio en caso de deficiencia combinada severa se basa en consideraciones fisiológicas y datos observacionales [96], aunque faltan estudios controlados aleatorizados sobre esta cuestión específica.

      La interacción hierro-yodo a través de la tiroidoperoxidasa está claramente establecida desde el punto de vista mecanístico y respaldada por estudios de intervención que demuestran que la suplementación con hierro mejora la eficacia de las intervenciones con yodo. [97]. Esto tiene relevancia clínica directa para poblaciones con deficiencia combinada de hierro y yodo, como lo confirman meta-análisis sobre sal doblemente fortificada. [98].

      La interacción zinc-yodo está menos caracterizada. Mientras que los modelos animales muestran efectos claros — la deficiencia de zinc en cobayos reduce T3/T4 y conduce a la atrofia tiroidea [99], y en ratas la actividad de la deiodinasa tipo I disminuye [100] — y estudios de observación humana encuentran asociaciones, faltan estudios de intervención robustos. La importancia clínica de esta interacción sigue siendo, por lo tanto, poco clara.

      Lagunas de evidencia

      Para varias preguntas clínicas relevantes faltan datos directos:

      • Interferencias de absorción
        No existen estudios controlados que investiguen si los suplementos minerales (calcio, magnesio, hierro, zinc) alteran la absorción gastrointestinal de yoduro de la solución de Lugol. Los efectos competitivos de absorción documentados para otros oligoelementos (por ejemplo, hierro y zinc) [101] no se pueden transferir fácilmente a yoduro.
      • Antácido
        Aunque los antiácidos pueden influir en la absorción de varios micronutrientes y medicamentos, faltan datos específicos sobre el yoduro. Se considera improbable una interacción clínicamente relevante debido a la alta solubilidad y rápida absorción del yoduro, pero esto no está probado empíricamente.
      • Levotiroxina
        La cuestión de si y con qué intervalo de tiempo se debe tomar la solución de Lugol y la levotiroxina no ha sido abordada por estudios. Mientras que para otras sustancias (calcio [101], Hierro [101], inhibidores de la bomba de protones [102]) Se han documentado interacciones con levotiroxina, pero faltan datos correspondientes para el yoduro.
      • vitamina c
        Las consideraciones teóricas sobre las interacciones redox entre el ácido ascórbico y el yodo/yoduro no están respaldadas por estudios clínicos o farmacocinéticos.
      • Hora de la comida
        La hora óptima de administración de la solución de Lugol en relación con las comidas no ha sido investigada. Para muchos micronutrientes, se sabe que los componentes de los alimentos pueden afectar la absorción, pero faltan datos específicos para el yoduro.

        Estas lagunas en la evidencia reflejan en parte el uso histórico del yodo como oligoelemento ubicuo, cuya suplementación se realizó durante mucho tiempo de forma menos controlada que con otros micronutrientes. Sin embargo, el uso terapéutico cada vez mayor de dosis más altas de yodo (por ejemplo, en la medicina ortomolecular) hace que estas lagunas de conocimiento sean clínicamente más relevantes.

        Limitaciones metodológicas

        La evidencia disponible sobre las interacciones del yodo proviene en gran medida de estudios observacionales, experimentos en animales e investigaciones mecanísticas. [95], [96], [100], [101]. Los estudios controlados aleatorizados que investigan específicamente las interacciones entre los suplementos de yodo y otros suplementos o alimentos son escasos. [98], [99]. Esto dificulta la derivación de recomendaciones clínicas precisas.

        Muchos estudios investigan poblaciones con deficiencia de yodo donde coexisten múltiples deficiencias de micronutrientes. La transferibilidad de estos hallazgos a personas con ingesta adecuada de micronutrientes que toman la solución de Lugol terapéuticamente no está clara.

        La heterogeneidad de los preparados de yodo utilizados (yoduro de potasio, yoduro de sodio, solución de Lugol, aceite yodado) y las dosis dificulta la comparabilidad de los estudios. La solución de Lugol contiene yodo elemental y yoduro, mientras que la mayoría de los estudios solo investigan el yoduro. Si la biodisponibilidad y las interacciones entre estas formas difieren no se ha investigado sistemáticamente.

        Implicaciones clínicas

        Basándose en la evidencia disponible, se pueden extraer las siguientes consideraciones para la práctica clínica:

        • Evaluar el estado de los micronutrientes
          Antes de iniciar la sustitución de yodo con solución de Lugol, se debe evaluar el estado de otros micronutrientes relevantes para la tiroides (selenio, hierro, zinc), especialmente en pacientes con disfunción tiroidea o factores de riesgo de deficiencias de micronutrientes.
        • Sustitución secuencial en caso de deficiencia grave
          En caso de deficiencia combinada grave de yodo y selenio, se debe sustituir el yodo antes que el selenio. En caso de deficiencia de hierro, una sustitución de hierro simultánea o secuencial puede mejorar la eficacia de la terapia con yodo.
        • Considerar alimentos bociógenos
          Los pacientes deben ser informados sobre el potencial impacto de los alimentos bociogénicos (brásicas, soja) en la utilización del yodo, especialmente con un alto consumo de estos alimentos.
        • Precaución ante la falta de evidencia
          Debido a la falta de datos, no se pueden hacer recomendaciones basadas en evidencia sobre los intervalos de administración entre la solución de Lugol y otros suplementos, antiácidos o levotiroxina. Un enfoque prudente sería tomar la solución de Lugol separada en el tiempo de otros suplementos (por ejemplo, un intervalo de 2-4 horas), aunque la necesidad de esto no esté demostrada.
        • Monitoreo
          En caso de uso terapéutico de dosis altas de yodo, los parámetros de la función tiroidea deben controlarse regularmente, especialmente si se toman otros suplementos simultáneamente o si existen enfermedades tiroideas.

        Conclusiones

        La evidencia científica sobre las interacciones de la solución de Lugol con suplementos dietéticos y alimentos es incompleta. Bien documentadas están las interacciones fisiológicas con selenio, hierro y zinc, que son relevantes para la función tiroidea. En caso de deficiencia combinada grave de yodo y selenio, el yodo debe normalizarse antes que el selenio. La deficiencia de hierro puede afectar la eficacia de las intervenciones con yodo. Los alimentos bociógenos pueden inhibir la utilización del yodo, mientras que los productos lácteos representan importantes fuentes de yodo.

        Para cuestiones clínicamente relevantes como interferencias de absorción con suplementos minerales, intervalos de dosificación necesarios con antiácidos o levotiroxina, interacciones con vitamina C y horarios de dosificación óptimos en relación con las comidas, faltan datos controlados. Estas lagunas de evidencia dificultan la formulación de recomendaciones precisas para la práctica clínica.

        La investigación futura debe incluir estudios farmacocinéticos sobre interacciones de absorción, ensayos controlados aleatorizados sobre intervenciones combinadas de micronutrientes y estudios sobre las modalidades óptimas de administración de la solución de Lugol. Hasta entonces, la aplicación terapéutica de la solución de Lugol debe tener en cuenta el estado de micronutrientes del paciente y acompañarse de un control regular de la función tiroidea.

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        [112] Papel del yodo en la etiopatogenia de las enfermedades tiroideas. Smyth PPA. Breast Cancer Research, 2003. Señala la incidencia relativamente baja de cáncer de mama en mujeres japonesas y discute la hipótesis de que el yodo dietético/algas marinas puede contribuir.

        [113] Adecuación de la ingesta de yodo en tres patrones dietéticos japoneses en adultos: un estudio a nivel nacional. Katagiri R, Asakura K, Uechi K, Masayasu S, Sasaki S. Nutrition Journal, 2015. Datos nacionales sobre la dieta y la orina que confirman una alta ingesta habitual de yodo en adultos japoneses vinculada al consumo de algas marinas.

        [114] Captación y efecto antiproliferativo del yodo molecular en la línea de células de cáncer de mama MCF-7. Arroyo-Helguera O, Anguiano B, Delgado G, Aceves C. Endocrine-Related Cancer, 2006. Compara directamente el I⁻ y el I₂ en células MCF-7, mostrando una captación de I₂ independiente de NIS con efectos antiproliferativos significativos que no fueron reproducidos por el yoduro.

        [115] Vías de señalización implicadas en el efecto antiproliferativo del yodo molecular en células mamarias normales y tumorales.. Arroyo-Helguera O, Rojas E, Delgado G, Aceves C. Endocrine-Related Cancer, 2008. Caracteriza las vías de señalización por las cuales el I₂ y la 6-iodolactona desencadenan la apoptosis en células tumorales de mama.

        [116] El yodo molecular tiene efectos extratiroideos como antioxidante, diferenciador e inmunomodulador.. Anguiano B, Aceves C, Delgado-González E, Mendieta I. Thyroid, 2007. Revisa el metabolismo del yodo específico del órgano y discute I₂ como candidato para ensayos clínicos mientras evalúa la seguridad tiroidea; destaca datos clínicos limitados en humanos.

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